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Viene Robert De Niro, pero una ex sindicalista K no lo deja filmar

Como si fuera una comedia de enredos, aparecen en esta noticia un famosísimo actor global, dos de los mejores actores locales, un edificio porteño en el que vivieron los empresarios más ricos del país y una ex sindicalista, sonora política kirchnerista, que, como corresponde a nuestra elite variopinta, también vive en el Kavanagh

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Viene Robert De Niro, pero una ex sindicalista K no lo deja filmar

La noticia parece una ficción risueña, pero está sucediendo y es una muestra de cómo una iniciativa privada —en este caso, artística— puede fracasar por la tozudez ideológica de al menos un sector de la clase política argentina, revestida de una micromilitancia radicalizada que bien podría dirigirse a objetivos más fecundos en estos tiempos tan críticos.

Como si fuera una comedia de enredos, aparecen en esta noticia un famosísimo actor global, dos de los mejores actores locales, un edificio porteño en el que vivieron los empresarios más ricos del país y una ex sindicalista, sonora política kirchnerista, que, como corresponde a nuestra elite variopinta, también vive en el Kavanagh. ¿Dónde menos?Viene a filmar a Buenos Aires el gran actor Robert De Niro, una estrella global que ha ganado cuánto premio otorga la industria del cine, pero que aún conserva esa rebeldía juvenil que lo lleva, cada tanto, a aceptar propuestas más bien audaces, como la de los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat (“El ciudadano ilustre”, “Mi obra maestra”, entre otras películas).

Se trata de una serie de cinco capítulos financiada por Disney en la que De Niro compartirá cartel con su amigo local, Luis Brandoni, y con Guillermo Francella.

El histórico edificio Kavanagh frente a la Plaza San MartínEl histórico edificio Kavanagh frente a la Plaza San Martín

Cohn y Duprat se caracterizan por elegir edificios emblemáticos de los lugares en los sitúan sus productos: esta vez, la locación es el Kavanagh, frente a la Plaza San Martín, uno de los lugares más hermosos y conocidos de Buenos Aires.

El rascacielos ubicado en la calle Florida al 1000 es habitado por gente pudiente; en una época vivieron allí los empresarios Paolo Rocca y Gregorio Pérez Companc, por ejemplo. También el ex ministro de Economía de la última dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz.

Precisamente, Martínez de Hoz, ya fallecido, era vecino desde hacía varios años cuando, a principios de los 90, compró allí un departamento Alicia Castro, sindicalista de las azafatas de las empresas estatales Aerolíneas Argentinas y Austral, devenida luego en legisladora y después en embajadora en Venezuela y Gran Bretaña durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner.

Alicia Castro vive en el Kavanagh (Télam)Alicia Castro vive en el Kavanagh (Télam)

Alicia Castro es una exponente de la izquierda argentina: vive como rica, pero es una crítica pertinaz del “imperialismo yanqui” en nombre de un discurso “nacional y popular”; el año pasado, rechazó el ofrecimiento del presidente Alberto Fernández para desempeñarse como embajadora en Rusia porque no coincidía con lo que ella consideraba un alineamiento con el gobierno de Estados Unidos.

Postura que ratificó estos días al criticar la posición última de Fernández contra la invasión rusa a Ucrania, que para ella no es tal cosa porque no se consideran las provocaciones previas de la NATO y de la Unión Europea hacia su admirado Vladimir Putin.

Lo cierto es que Disney quiere alquilar dos departamentos vacíos del Kavanagh porque allí vivirá el personaje que interpreta Brandoni, un crítico gastronómico que lanza un libro y logra que su amigo De Niro —él sí es un afamado experto global del rubro— venga a Buenos Aires a presentar esa obra.

Guillermo Francella y Luis Brandoni, protagonistas en el film de los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat (Teleshow)Guillermo Francella y Luis Brandoni, protagonistas en el film de los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat (Teleshow)

Pero, los directores necesitan la autorización del consorcio porque habrá mucho movimiento en el edificio. En las reuniones de vecinos, Alicia Castro, que representa a dos departamentos, ya expresó una oposición irreductible a la presencia de De Niro, Brandoni y Francella.

Según dos de sus vecinos, Alicia Castro comentó que no le parecía bien la presencia de un actor tan cercano al gobierno demócrata del presidente Joe Biden, que, recordemos, mantiene una posición muy dura frente a la invasión rusa a Ucrania (llegó a llamar “carnicero” a Putin).

Aunque, siempre de acuerdo a estas fuentes, lo que más le irrita es la presencia de Brandoni, que, en su faceta de ciudadano, adhiere a la oposición desde su postura radical de siempre.

Claro que la posición de Alicia Castro no parece mayoritaria. Por ejemplo, una de las propietarias comentó en la última reunión: “Yo estoy dispuesta a pagar para que De Niro venga a filmar en el edificio”. ¿Qué habrá pensado Alicia Castro ante semejante muestra de colonialismo típico de esas clases porteñas tan desprovistas de sentido nacional y popular?

Están previstas nuevas reuniones de los vecinos del Kavanagh, mientras se acerca la fecha en la que debería comenzar la filmación, el lunes próximo.

*Ceferino Reato conduce “Al Hueso”, el programa que se emite por Radio Rivadavia los domingos de 18 a 19 horas

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La hija de Esteban Bullrich se presentó en La Voz Argentina e hizo emocionar a su padre

Margarita participó de la audición a ciegas del reality de Telefe y logró que los cuatro coaches quisieran tenerla en sus equipos

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“Me llamo Margarita Bullrich, tengo 18 años y soy de Buenos Aires”, anunció antes de presentarse en la audición a ciegas de La Voz Argentina. Y, hasta ese momento, parecía ser una participante más. Sin embargo, a medida que fue descubriendo su historia familiar, dejó en claro que no lo era. “Esta primera audición se la dedicaría a mi papá, porque él me generó este amor por la música que tengo ahora”, señaló en el backstage. Y luego se sentó frente a Marley junto a su padre, que no era otro que el exsenador nacional Esteban Bullrich.

“¿Vos empezaste cantando con él?”, le preguntó el conductor del reality de talentos de Telefe. “Sí, el amor por la música es de él completamente”, respondió la joven, mientras tomaba la mano de su papá, que no podía contener las lágrimas. A su lado, la esposa del político, María Eugenia, y Luz, otra de sus cinco hijos, lo contenían. “Es hermoso que acompañes a tu hija en este momento junto a toda la familia”, le dijo entonces Marley.

Luego, el conductor explicó que le había pedido al ex funcionario, que lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que contara cómo había sido aquel tiempo en que cantaban juntos. “El fue escribiendo su respuesta con sus ojos”, señaló mientras mostraban el dispositivo que Bullrich tenía frente a sí. Y enseguida se escuchó lo que él había contestado: “Canto muy mal, pero tenía la memoria de mi infancia, que había un piano en casa y nunca aprendí a tocarlo. Me dije: ‘Cuando sea padre voy a promover la música en mis hijos. Margarita fue la que más mostró la veta musical. Así cantamos Jorge Drexler y hacíamos dúos”.

Más tarde, Bullrich respondió qué sentía al acompañar a la joven en ese momento del certamen. “Siento mucho orgullo, mucha emoción. Estoy feliz porque veo a mi hija haciendo algo que la apasiona, siguiendo su corazón. Creo que un padre no puede tener sueño más pleno”, dijo a través del mismo dispositivo ya embargado por el llanto y haciendo llorisquear hasta al conductor.

Margarita Bullrich canto Aprender a volar en La Voz Argentina (Video: Telefe)

Creo que la frase que me acompañaría en este momento es: ‘La vida es hoy’. Porque pueden pasar un montón de cosas, pero el momento es ahora y hay que aprovecharlo porque tenemos la posibilidad de tenerlo”, dijo Margarita de camino al escenario, dónde interpretó el tema Aprender a volar de Patricia Sosa, tanto con su voz como con sus manos utilizando lengua de señas. Y, poco a poco, logró que los cuatro coaches dieran vuelta sus sillas para intentar sumarla a sus respectivos equipos.

Al terminar su performance, la joven escuchó la devolución del jurado. “Qué bueno que di vuelta a la mitad de la canción para poder ver lo que estabas haciendo”, le dijo Ricardo Montaner con los ojos empañados. Y, más allá de las imprecisiones que había notado, destacó: “Algo pasó, que no sé que fue, que Mau y Ricky y yo volteamos en el mismo momento”.

“Tuve unos años un poco difíciles. A mí papá lo diagnosticaron hace un año o un poco más con ELA. Y estuvo siendo un poco duro, pero fue algo que nos enseñó un montón como familia. La paciencia, aprender, sacar de todo lo malo algo bueno…Y la música es para mí como un alivio en eso. Por eso también el lenguaje de señas, para que todos lo puedan disfrutar y para que sirva como concientización de lo que es eso”, explicó Margarita.

Luego, tanto Lali Espósito como Soledad Pastorutti destacaron la emoción que se había vivido en el estudio durante su presentación. Y lo mismo hicieron los hermanos Montaner que, finalmente, fueron los elegidos por la hija de Bullrich. Los cantantes, felices, la acompañaron a saludar a su familia. Y luego fue el intérprete de Cachita quien se sumó a ellos y le dijo al ex senador: “Yo soy fan tuyo”.

La hija de Esteban Bullrich eligió al equipo de Mau y Ricky en La Voz Argentina (Video: Telefe)

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La Sala Lavardén cambia su nombre y evocará a Eva Perón

El ministro de Cultura de la provincia Jorge Llonch anunció que la Sala Lavardén, de Sarmiento y Mendoza, cambiará su nombre a «Yo te recuerdo Evita», en homenaje a Eva Perón y como forma de distinguir el trabajo del Centro Experimental Rosario Imagina, que encabeza Rody Bertol y que este miércoles estrenó la micro obra de teatro que lleva el mismo nombre de la sala.

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La Sala Lavardén cambia su nombre y evocará a Eva Perón

El anuncio y el estreno se dieron en el marco del 70° aniversario del fallecimiento de Evita.  Además, informó que la Plataforma Lavardén pasará a llamarse «Ciudad Cultural Lavardén».

“Reivindicando a Evita y a la sala que está en la esquina de Sarmiento y Mendoza, en Plataforma Lavardén, que varias veces se llamó «Evita» y otras tantas veces le sacaron ese nombre, le vamos a poner el nombre de la obra, «Yo te recuerdo Evita»”, adelantó Llonch en el estreno de la pieza teatral ideada por Rody Bertol.

En un colmado Gran Salón, ubicado en el quinto piso del edificio ubicado en Sarmiento y Mendoza, Llonch destacó la puesta en escena de una pieza teatral ideada por Rody Bertol, que podrá ser representada en distintos espacios de la provincia, tanto por su formato como por su puesta en escena. En ese contexto, adelantó que la sala ubicada en la esquina de Sarmiento y Mendoza pasará a llamarse «Yo te recuerdo Evita».

En ese contexto, el funcionario indicó que el emblemático edificio de Mendoza y Sarmiento pasará a llamarse “Ciudad Cultural Lavardén”, de acuerdo al proyecto que se había definido durante la administración del ex gobernador Jorge Obeid. “Acompañados en todo momento por el gobernador Omar Perotti, con mucho esfuerzo y decisión logramos trasladar la Escuela Provincial de Cine, transformando el espacio en un centro de formación de futuros y futuras cineastas”, remarcó.

El ministro destacó que “además, en los espacios de esta «Ciudad Cultural Lavardén» diferentes escuelas artísticas podrán desarrollar parte de sus actividades. Estamos ampliando el alcance de la gestión en materia educativa y formativa”.

“Yo te recuerdo Evita”

La micro obra “Yo te recuerdo Evita”, es una intervención poético-escénica de alrededor de 15 minutos ideada en conmemoración del 70° aniversario de la muerte de Eva Perón. La idea y dramaturgia es del director teatral rosarino Rody Bertol, la dirección es de Juan Nemirovsky, y las intérpretes son las actrices Mariana Pevi y Natalia Trejo. La obra forma parte de las distintas actividades del grupo Rosario Imagina, en el marco de sus 30 años de vida.

Con imágenes de una Rosario en blanco y negro y del complejo ubicado en la ciudad de Granadero Baigorria en el que se levanta el complejo educativo conocido como el hogar escuela y el hospital Eva Perón, las dos actrices evocaron muchas de las frases con las que se recuerda a la abanderada de los humildes.

“Vos nos enseñaste que los derechos nunca se regalan; se conquistan”; “La lucha, esa rueda mágica de la vida, seguirá, seguirá, seguirá, hasta cumplir todos tus sueños. Por eso hoy y siempre, yo te recuerdo Evita”, son algunas de las frases que retumbaron en la sala, previo a extractos de distintos discursos de María Eva Duarte.

Luego de la presentación, Rody Bertol destacó la figura de Eva, al mencionar que “Evita es lucha, Evita es amor. Recordar a Evita hoy es también preguntarnos dónde quedaron nuestros sueños, nuestros ideales y nuestras utopías, de lograr un mundo mejor”.

Y agregó: “Nosotros desde Rosario Imagina hemos querido proponer esta micro obra, esta intervención escénica, para poder participar de distintos actos porque creemos que el cruce del arte y la ficción con lo político es beneficioso para todos, ya que todos necesitamos la ficción para vivir, porque eso nos enriquece y también hay que honrar y recordar la figura de Evita”.

Por su parte, el ministro Llonch sostuvo: “Rosario Imagina, Rody Bertol y su grupo, son parte de la historia de la ciudad, tienen una magnitud que en Rosario se puede comparar con la Trova. La obra es un mensaje de esperanza, en volver a tener una vida con sueños, a tener futuro”. Y agregó: “La obra nos da a todos la fuerza y la convicción de que vamos por el buen camino, y es también un mensaje de unidad para todos los que pensamos parecido”.

La historia de la sala y sus nombres

El edificio que en la actualidad se conoce como “Plataforma Lavardén” fue construido para ser la sede de la FAA en Rosario, y la magnífica sala teatral que forma parte del predio se llamó inicialmente “Sala Rosario”.

La crisis mundial de 1929 impactó en la FAA, que debió transferir –como forma de pago de sus deudas– el dominio del edificio al Estado federal, que le otorgó la posesión al Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación.

Posteriormente, en 1944, el edificio fue cedido para su uso al Estado provincial, y entonces se instalaron allí oficinas administrativas del Poder Ejecutivo santafesino. Durante toda la década del 30 y hasta mediados de la década siguiente, la sala teatral estuvo inutilizada, convirtiéndose en un depósito que impedía los usos propios para los que había sido creada.

En 1949, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el director teatral rosarino Esteban Pavón gestionó ante las autoridades el uso artístico del inutilizado salón. Se le confiere a Pavón el derecho al uso del salón con fines artísticos, bajo la condición de dejarlo en condiciones.

El director rosarino junto a actrices, actores, escenógrafos y técnicos que formaban parte del grupo “Teatro de Arte de Rosario”, se abocaron a la tarea de limpieza, reconstrucción y acondicionamiento del espacio. Finalizada la obra, el 12 de julio de 1950 se estrenó el uso del teatro con la obra “El puente”, de Carlos Gorostiza.

En 1952, con la consolidación de la plaza teatral rosarina, los artistas del grupo “Teatro de Arte de Rosario” decidieron nombrar al teatro como “Sala Evita”, en honor a quien desde el gobierno nacional alentó la promoción de teatros y círculos artísticos populares a lo largo de todo el país.

Desde septiembre de 1955, tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional y provocó el exilio de Perón, las autoridades de esa dictadura cívico militar dispusieron el cese de actividades a la agrupación Teatro Arte Rosario.

En marzo de 1956, entró en vigencia el decreto ley 4.161 por el cual se prohibía mencionar los nombres de Juan y Eva Perón, entre otras prácticas de censura política y aquel popular teatro –sin que otras fuerzas políticas denunciaran el atropello que ello representó– dejó de llamarse “Sala Evita”, las actividades culturales fueron suspendidas y, nuevamente, el espacio se convirtió en un depósito, alejado de toda actividad cultural.

En 1964, la Dirección General de Cultura de la provincia de Santa Fe inició gestiones ante el Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación para utilizar la sala con fines artísticos y, en febrero de 1965 –aún vigente la proscripción del peronismo–, el Estado provincial firmó un convenio con la Nación por el cual se cedía el uso de la sala.

El espacio cultural pasó a llamarse “Manuel José de Lavardén”, en honor al dramaturgo, abogado y periodista nacido en 1754 en la ciudad de Buenos Aires, cuyas obras más conocidas fueron “Siripo” y más tarde “Oda al Paraná”.

En 1973, con el regreso de la democracia, y durante la presidencia de Héctor Cámpora, la sala recuperó su primer nombre oficial, “Sala Evita”, pero una vez más, a partir del golpe de Estado de 1976 se volvió a prohibir que los nombres de Juan y Eva Perón fueran parte de la nomenclatura de edificios públicos, y la sala volvió a llamarse “Manuel José de Lavardén”.

Con el retorno de la democracia, a fines de 1983, la sala comenzó a ser sede de eventos artísticos nuevamente, intentando rememorar sus épocas doradas. Desde 1991 comenzó a gestionarse en el Congreso de la Nación la transferencia definitiva del edificio –aún perteneciente al Estado nacional– al gobierno de la provincia de Santa Fe, y en 1994, se sancionó la ley que cedería definitivamente el dominio del inmueble a la provincia, donde se instalaron oficinas administrativas.

En 1996 se licitó la remodelación integral del edificio, para su puesta en valor y vigencia. Con la intención de recuperar la historia y mantener viva la memoria, el gobernador Obeid, por sugerencia del entonces secretario de Cultura Enrique Llopis y su delegado de Cultura en la zona sur, Gerardo Rico, dispuso que el teatro del edificio vuelva a denominarse “Sala Evita”.

En 2008 comenzó la transformación del edificio con el traslado de las oficinas administrativas del gobierno provincial a otras dependencias, y el inmueble fue ocupado por el gabinete del por entonces Ministerio de Cultura e Innovación.

En 2012, el edificio fue destinado a ser un Centro Cultural integral, y se reinauguró bajo el nombre de “Plataforma Lavardén”, utilizando todos sus espacios –salvo los pisos 3 y 4– con el objetivo de transformarlos en ámbitos de creación, producción e innovación de bienes y expresiones culturales locales.

Este año, a partir de la decisión del ministro Llonch, la provincia de Santa Fe restaura, por cuarta vez, el nombre originario de la sala bajo el rótulo de “Yo te recuerdo Evita”, en memoria de aquellos trabajadores y trabajadores de la cultura que la sacaron del ostracismo y desuso, para ubicarla en el ámbito de los teatros más importantes de la Argentina.

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La vida del señor Miyagi, el actor que de karate no sabía nada

Pat Morita interpretó al sabio maestro de artes marciales de Daniel LaRusso en Karate Kid. Nació hace noventa años en California, Estados Unidos: sus enseñanzas aún perduran en la memoria de los fanáticos de la saga. La vida de un mítico actor de rasgos orientales que tenía total desconocimiento de karate y que debió pasar cinco audiciones para obtener el papel de sensei

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La vida del señor Miyagi, el actor que de karate no sabía nada

Pat Noriyuri Morita cumpliría hoy noventa años. Murió hace casi 17 años, el 24 de noviembre de 2005. Tenía 73 años y sus años finales no honraron la fama y el prestigio que había adquirido en los ochenta cuando interpretó al señor Miyagi. Sus padres habían llegado a Estados Unidos, desde su Japón natal, en algún momento de la segunda década del Siglo XX. Nació el 28 de junio de 1932. A los dos años se enfermó de gravedad. La Enfermedad de Pott, una tuberculosis espinal hizo que lo internaran. Debido a la gravedad de su mal y a la falta de tecnología médica de la época, permaneció más de ocho años en el hospital.

Los profesionales daban por sentado que ese niño, si lograba sobrevivir, ya no podría caminar. Pero a inicios de la década del cuarenta, un médico quiso probar una novedosa técnica quirúrgica, casi una última chance. La proeza médica produjo lo inesperado. El chico recuperó la movilidad y, después de un proceso de reeducación, aprendió a caminar. En esos años no pudo ir a la escuela, ni jugar con chicos de su edad, ni tener amigos. La salida del hospital, pese a lo esperada, no fue la más grata.

A partir de ese momento sufrió otro tipo de aislamiento. Tal vez mucho peor. Cuando le dieron el alta del hospital, fue trasladado junto a su familia al River Gila War Relocation Center. Tiempo después, de ahí, todos los Morita fueron enviados al Tule Lake War Relocation Center. Lo de Centro de Relocación era un eufemismo para nombrar una de las respuestas de Roosevelt al ataque japonés a Pearl Harbor: un campo de concentración.

Durante la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 120.000 personas de etnia japonesa, la mitad de los cuales habían nacido en Estados Unidos, fueron detenidos en diez de esos campos. El de Tule fue el más nutrido: su población llegó a ser de casi 19.000 personas. Y fue, también, el de condiciones más rígidas de detención. Mayor seguridad en su perímetro, más control interno, una disciplina rígida y peores condiciones de vida. Allí eran enviados los considerados más peligrosos, los líderes comunitarios, aquellos que podían elevar su voz y hacerse escuchar o influir en otros.

Pat Morita en una foto que le sacaron durante un festival de cine en Las Vegas en 2003. Falleció a los 73 años sin la gloria de sus años de fama (M. Caulfield/WireImage) (Getty Images)

Pat Morita era Nisei, ciudadano norteamericano, nacido en ese suelo, pero hijo de japoneses. Luego de Pearl Harbor una serie de rumores comenzaron a circular. Que se estaba preparando un levantamiento de decena de miles de Niseis, que había batallones de espías diseminados por todo el país. Mientras los más extremistas presionaban al presidente para expulsar o encerrar a todos los ciudadanos de origen japonés sin importar siquiera si eran nativos norteamericanos o si hacía más de tres décadas que estaban en el país.

Tuvieron que (mal) vender sus pertenencias ya que solo podían trasladarse con un pequeño bolso como todo equipaje. Sus casas, negocios y tierras fueron ocupados. Al finalizar la guerra, al regresar a sus hogares, todo les había sido quitado. Los Morita y el resto de los japoneses debieron empezar de nuevo. Su crimen había sido tener los ojos rasgados.

La familia Morita volvió a instalarse en California. Montaron un restaurante de comida china. De a poco les empezó a ir bien pese a que el emprendimiento era algo extraño: “Unos japoneses pusimos un restaurante chino en un barrio negro al que concurrían filipinos, negros y personas de todas las minorías posibles”. El padre de Pat murió prematuramente. Y él y su madre siguieron adelante durante unos años con el proyecto. Allí Morita se inició como actor. Realizaba unas rutinas cómicas para entretener a sus comensales.

Durante la Segunda Guerra Mundial Pat Morita estuvo detenido en un campo para japoneses (Getty Images)Durante la Segunda Guerra Mundial Pat Morita estuvo detenido en un campo para japoneses (Getty Images)

Unos años después trabajó en oficinas como administrativo hasta que su vocación se impuso y probó una vez más como actor. No eran muchos los actores de origen asiático que lograban asentarse. Pero ese dato no lo desalentó. Empezó en un pequeño club nocturno de Sacramento haciendo Stand Up. Ya había adoptado Pat como nombre artístico.

Alguien le aconsejó que probara suerte en Los Ángeles. Hacia allí se dirigió. Sally Marr, la madre del mítico Lenny Bruce, fue su representante. De a poco se fue abriendo camino. Consiguió pequeños papeles en series televisivas. Su primer momento de notoriedad llegó cuando apareció con frecuencia en Mash. Unos años después tuvo presencia frecuente en un par de temporadas de Happy Days, la serie juvenil encabezada por Harry Winkler (Fonzy) y Ron Howard.

En 1976 llegó su gran oportunidad con la sitcom Mr. T and Tina. Ese Mr. T no tenía nada que ver con Mario Baracus. Era Taro Takahashi, un inventor japonés. Esta serie que debió ser levantada por bajo rating poco después de su estreno significó un hito; fue la primera en la que su personaje principal era alguien de origen asiático.

Karate Kid – trailer

Después de ser dada de baja la serie, pareció que la buena estrella de Morita se había terminado, que no iba a poder aspirar a más que participaciones secundarias en proyectos menores. De hecho, así fue durante unos cuantos años, hasta que llegó la oportunidad inesperada de Karate Kid.

El primer candidato para interpretar al Señor Miyagi era la elección más obvia y segura posible, Toshiro Mifune. El actor japonés, el intérprete de los clásicos de Kurosawa y favorito de Hollywood. Los productores buscaban una cara conocida pero principalmente un actor dramático. Sabían que en ese maestro sereno, sabio e implacable residía gran parte del secreto y equilibrio de su historia. Y Mifune con sus guerreros, ronins, samurais y almirantes en medio de las peores disyuntivas bélicas, con su intensidad interpretativa podía brindarle tridimensionalidad al maestro. Pero entre su escasa fluidez con el inglés y que no veía el proyecto como algo más que un pasatiempo, Mifune decidió desechar el ofrecimiento. Había que buscar otro actor.

Pat Morita fue al primer casting con muchas expectativas porque sabía que era uno de los muy pocos actores de origen oriental con un lugar en Hollywood. Luego de la prueba se mostró conforme y confiado. Lo que él no sabía es que los productores desistieron de contratarlo apenas lo vieron. Si el modelo buscado era Mifune y su prestigio, Morita se ubicaba en las antípodas. Era un comediante y ese prejuicio con el que llegaría el espectador, suponían, le quitaría verosimilitud al personaje.

Un gran inconveniente para los castings era que a Morita, todo lo referido al karate le era ajeno. Su desconocimiento sobre el arte marcial era absoluto. Un gran inconveniente para los castings era que a Morita, todo lo referido al karate le era ajeno. Su desconocimiento sobre el arte marcial era absoluto.

El otro inconveniente era que a Morita, todo lo referido al karate le era ajeno. Su desconocimiento sobre el arte marcial era absoluto. Cuando le plantearon esta cuestión, el actor se ofendió, y con sentido común respondió: “Ustedes no necesitan un campeón mundial de karate. Sino un actor y eso es lo que soy yo desde hace décadas”. Años después afirmó que el no saber nada de karate y haber sido tan convincente como maestro de ese arte marcial indicaba cuáles eran sus dotes actorales.

El último obstáculo que debió superar fue su edad. Morita, aunque en la película parecieran más, solo tenía 53 años. Y lo que el estudio pretendía era un actor de mayor edad para que diera la imagen de sabio que el guion requería.

Los castings que realizaron los responsables del film no fueron fructíferos. Ante los sucesivos fracasos, llamaban a Morita para una prueba más. Pero en cada ocasión había algo que no los terminaba de conformar. El actor tuvo que superar cinco audiciones hasta ser finalmente el escogido.

El director John Avildsen, un veterano y sólido artesano, sabía que Morita podía rendirle. Que su pasado como actor de comedia y de stand up no serían un obstáculo. Avildsen ya había demostrado en Rocky que podía darle carnadura a una historia sin caer en lo solemne. Con Burguess Meredith, que había sido el Pingüino del Batman televisivo, había conseguido construir un convincente Mickey. Por lo que Morita le parecía ideal para llevar adelante al Señor Miyagi.

Para lograr el papel del señor Miyagi, el actor pasó por cinco castings: a los productores no le convencían su edad, tenía 53 años y debía interpretar a alguien mayor (Nancy R. Schiff/Getty Images) Para lograr el papel del señor Miyagi, el actor pasó por cinco castings: a los productores no le convencían su edad, tenía 53 años y debía interpretar a alguien mayor (Nancy R. Schiff/Getty Images)

El modelo que los guionistas tenían en la cabeza al cincelar a Miyagi fue Fumio Demura, un karateca japonés. Demura se instaló en Estados Unidos a principios de los setenta, luego de una larga trayectoria en Japón. En Estados Unidos fue un gran difusor del karate, instaló varios gimnasios y escribió una decena de libros. No solo se inspiraron en él para construir al maestro sino que Demura cumplió varios roles en el film. Fue el que preparó a Morita, fue el consultor para las escenas de karate y también ofició de doble del actor en las escenas en las que debía vérselo en acción.

Para la película Morita incorporó su nombre de nacimiento al artístico por pedido de la producción, que quería reforzar su pertenencia oriental como si su fisonomía no fuera suficiente; un subrayado étnico. Así que en los créditos pareció como Pat Noriyuki Morita.

Karate Kid se convirtió en un gran éxito de taquilla y en un fenómeno cultural. Morita obtuvo nominaciones a varios premios como actor de reparto. Tuvo varias secuelas de las que también participó: Karate Kid II, Karate Kid III y El Nuevo Karate Kid, en la que la principiante es interpretada por Hillary Swank, futura doble ganadora del Oscar.

Pat Morita murió el 24 de noviembre de 2005. Sus últimos años no fueron sencillos: aunque siguió buscando replicar el éxito del que había gozado a mediados de los ochenta no pudo recuperarloPat Morita murió el 24 de noviembre de 2005. Sus últimos años no fueron sencillos: aunque siguió buscando replicar el éxito del que había gozado a mediados de los ochenta no pudo recuperarlo

Durante sus últimas décadas batalló no solo contra la falta de reconocimiento sino también contra el alcohol. Su adicción se convirtió en un serio problema que minó sus posibilidades profesionales.

Pat Morita murió hace quince años, el 24 de noviembre de 2005. Sus últimos años no fueron sencillos. Aunque siguió buscando replicar el éxito del que había gozado a mediados de los ochenta no pudo recuperarlo. Sus últimas apariciones estelares fueron en Mulan (las versiones animadas) en las que le dio voz al Emperador de China.

Sin importar cuántos años hayan pasado, ni cuántos vayan a pasar, siempre recordaremos a Daniel LaRusso escuchando, incorporando las enseñanzas, caseras, cotidianas y milenarias que le brindaba el Señor Miyagi interpretado por Pat Morita: “Lijar, pulir, encerar”; “Pintar la cerca, arriba, abajo”; “Pintar la casa, de lado a lado”.

El artículo original fue publicado el 24 de noviembre de 2020.

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