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Internacional

Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Un nuevo intento de asesinato del escritor perseguido por extremistas islámicos reforzó el puesto de “Los versos satánicos” en el podio de los libros más polémicos de la historia. Leé un fragmento.

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Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Hay libros que, por su carácter controversial, disruptivo o contestatario, han pasado a la historia más por sus polémicas que por sus contenidos. No es necesario haber leído novelas como Lolita, El amante de Lady Chatterley o Matar a un ruiseñor para estar al tanto del revuelo que cada una ha generado al momento de su publicación, revuelo que, en muchos casos, permanece intacto varias décadas después.

Uno de los casos más destacados es el de Los versos satánicos, libro que volvió a estar en el ojo de la tormenta después del intento de asesinato que sufrió su autor, Salman Rushdie, mientras daba una conferencia en Nueva York el pasado 12 de agosto. Este ataque, sin embargo, lejos está de ser el primero que recibe el escritor británico-estadounidense de origen indio.

Publicado en 1988, Los versos satánicos desató una controversia mundial sin precedentes: en pocos meses fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bombas, manifestaciones, quemas de libros y atentados con decenas de víctimas fatales. Pero, lejos de amainar con el tiempo, su polémica solo creció.

Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).

En 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder supremo de Irán, dio inicio a la fatwā contra Rushdie: una persecución a muerte al autor y a todos lo que estuvieran involucrados en la traducción, edición, distribución de su libro. “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos —libro contra el islam, el Profeta y el Corán— y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren”, expresó Jomeiní, según cuenta Rushdie en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua, libro en el que detalla con minucia esta polémica.

El autor, sin embargo, no esperaba que Los versos satánicos, su cuarta novela, tuviera esas repercusiones, dado que su contenido era menos controversial que el de sus libros anteriores: “ Era una exploración mucho más íntima, personal, un primer intento de crear una obra a partir de su propia experiencia de emigración y metamorfosis. Era el libro menos político de los tres. Y el material basado en el origen del Islam (…) mostraba esencialmente admiración por el Profeta del Islam e incluso respeto”, escribe en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua.

Por fortuna, este último intento de asesinato, en el que un joven de 24 años lo apuñaló repetidas veces en el cuello, no fue letal. Después de ser internado de urgencia con heridas graves, Rushdie recuperó el habla y ya respira por sus propios medios. Pasó el susto. La fatwā continúa.

Así empieza “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie

«Para volver a nacer —cantaba Gibreel Farishta mientras caía de los cielos, dando tumbos— tienes que haber muerto. ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! Para posarte en el seno de la tierra, tienes que haber volado. ¡Ta-taa! ¡Takachum! ¿Cómo volver a sonreír si antes no lloraste? ¿Cómo conquistar el amor de la adorada, alma cándida, sin un suspiro? Baba, si quieres volver a nacer…»

Amanecía apenas un día de invierno, por el Año Nuevo poco más o menos, cuando dos hombres vivos, reales y completamente desarrollados, caían desde gran altura, veintinueve mil dos pies, hacia el canal de la Mancha, desprovistos de paracaídas y de alas, bajo un cielo límpido.

«Yo te digo que debes morir, te digo, te digo…», y así una vez y otra, bajo una luna de alabastro, hasta que una voz estentórea rasgó la noche:

«¡Al diablo con tus canciones! —Las palabras pendían, cristalinas, en la noche blanca y helada—. En tus películas sólo movías los labios porque te doblaban, así que ahórrame ahora ese ruido infernal.»

Gibreel, el solista desafinado, hacía piruetas al claro de luna, mientras cantaba su espontáneo gazal, nadando en el aire, ora mariposa, ora braza, enroscándose, extendiendo brazos y piernas en el casi infinito del casi amanecer, adoptando actitudes heráldicas, ora rampante, ora yacente, oponiendo la ligereza a la gravedad. Rodó alegremente hacia la sardónica voz. «Hola, compañero, ¿eres tú? ¡Qué alegría! ¿Qué hay, mi buen Chamchito?» A lo que el otro, una sombra impecable que caía cabeza abajo en perfecta vertical, con su traje gris bien abrochado y los brazos pegados a los costados, tocado, como lo más natural del mundo, con extemporáneo bombín, hizo la mueca propia del enemigo de diminutivos. «¡Eh, paisano! —gritó Gibreel, provocando otra mueca invertida—. ¡Es el mismo Londres, chico! ¡Allá vamos! Esos cabritos de ahí abajo no sabrán lo que se les vino encima, si un meteoro, un rayo o la venganza de Dios. Llovidos del cielo, muñeca. ¡Puummmmba! Cras, ¿eh? ¡Qué entrada, Yyyaaa! Yo te digo… Flas.»

Llovidos del cielo: un big bang seguido de catarata de estrellas. Un principio de Universo, un eco en miniatura del nacimiento del tiempo… el jumbo Bostan, vuelo AI-420 de la Air India, estalló sin previo aviso a gran altura sobre la grande, putrefacta, hermosa, nivea y resplandeciente ciudad de Mahagonny, Babilonia, Alphaville. Claro que Gibreel ya ha pronunciado su nombre, de manera que yo no puedo interferir: el mismo Londres, capital de Vilayet, parpadeaba, centelleaba y se mecía en la noche. Mientras, a una altura de Himalaya, un sol fugaz y prematuro estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire transparente se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de la catástrofe a la láctea palidez del mar.

¿Quién soy yo?

¿Quién más está ahí?

Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. "Los versos satánicos" fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. «Los versos satánicos» fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)

El avión se partió por la mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las piruetas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, debajo de ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por la locomoción, tarjetas de desembarque, juegos de vídeo libres de aduana, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también —porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número considerable de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de la longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un regular contingente de niños sobre cuya legitimidad el Gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas—, también, mezclados con los restos del avión, no menos fragmentados ni menos absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yoes arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibies, futuros extinguidos, amores perdidos, significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, entorno natural, casa.

Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico flojo, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en la posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante la resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía en picado mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas de la sobriedad. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de la Manga inglesa, la zona señalada para su reencarnación marina.

«Oh, mis zapatos son japoneses —cantaba Gibreel, traduciendo al inglés la letra de la vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia la nación anfitriona que se precipitaba a su encuentro—, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En la cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo.» Las nubes hervían, espumeantes, cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella gran fantasmagoría de cúmulos y cumulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas a la luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizás el delirio provocado por la explosión que les evitaba apercibirse de lo inminente…, lo cierto es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación. ¿Mutación?

Sí, señor; pero no casual. Allá arriba, en el aire-espacio, en ese campo blando e intangible que el siglo ha hecho viable y que se ha convertido en uno de sus lugares definitorios, la zona de la movilidad y de la guerra, la que empequeñece el planeta, la del vacío de poder, la más insegura y transitoria, ilusoria, discontinua y metamórfica —porque, cuando lo arrojas todo al aire, puede ocurrir cualquier cosa—, allá arriba, decía, se operaron, en unos actores delirantes, cambios que habrían alegrado el corazón del viejo Mr. Lamarck: bajo extrema presión ambiental, se adquirieron determinadas características.

¿Qué características respectivamente? Calma, ¿se han creído que la Creación se produce a marchas forzadas? Bien, pues la revelación tampoco… Echen una mirada a la pareja. ¿Observan algo extraño? Sólo dos hombres morenos en caída libre; la cosa no tiene nada de particular, pensarán, treparon demasiado, se pasaron, volaron muy cerca del sol, ¿no es eso? No es eso. Presten atención.

Mr. Saladin Chamcha, consternado por los sonidos que manaban de la boca de Gibreel Farishta, contraatacó con sus propios versos. Lo que Farishta oyó tremolar en el fantasmagórico aire nocturno era también una vieja canción, letra de Mr. James Thomson, mil setecientos a mil setecientos cuarenta y ocho. «… por orden del cielo —entonaba Chamcha con unos labios que el frío ponía patrióticamente rojos, blancos y azules— surgió del aaaazul… —Farishta, consternado, se desgañitaba cantando a los zapatos japoneses, los gorros rusos y los corazones inviolablemente subcontinentales, pero no conseguía ahogar la atronadora voz de Saladin— … y los ángeles de la guaaaarda entonaban el estribillo.»

Desengañémonos, era imposible que se oyeran mutuamente, y no digamos que conversaran y compitieran en el canto de esta manera. Acelerando hacia el planeta, con la atmósfera silbando alrededor, ¿cómo habían de oírse? Pero, desengañémonos nuevamente, se oían.

Se precipitaban hacia abajo y el frío invernal que les escarchaba las pestañas y amenazaba con helarles el corazón estaba a punto de despertarles de su ensueño exaltado, ya iban a percatarse del milagro del canto, de la lluvia de extremidades y de niños de la que ellos formaban parte y del horrible destino que subía a su encuentro cuando, empapándose y congelándose instantáneamente, se sumergieron en la ebullición glacial de las nubes.

ARCHIVO - Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)ARCHIVO – Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)

Se hallaban en lo que parecía ser un largo túnel vertical. Chamcha, atildado, envarado y todavía cabeza abajo, vio cómo Gibreel Farishta, con su camisa sport color púrpura, nadaba hacia él por aquel embudo con paredes de nube, y quiso gritar: «No te acerques, aléjate de mí», pero algo se lo impidió, un agudo cosquilleo que se iniciaba en sus intestinos, de manera que, en lugar de proferir palabras hostiles, abrió los brazos y Farishta nadó hacia ellos y quedaron abrazados cabeza con pie, y la fuerza de la colisión les hizo voltear y caer haciendo molinetes por el agujero que conducía al País de las Maravillas. Mientras se abrían paso, surgieron de la blancura una sucesión de formas nebulosas, en metamorfosis incesante de dioses en toros, mujeres en arañas y hombres en lobos. Nubes-criaturas híbridas se precipitaban hacia ellos, flores gigantes con pechos humanos colgadas de tallos carnosos, gatos alados y centauros, y Chamcha, en su aturdimiento, tenía la impresión de que también él había adquirido calidad nebulosa y metamórfica, híbrida, como si estuviera convirtiéndose en la persona cuya cabeza estaba inserta entre sus piernas y cuyas piernas se enlazaban alrededor de su largo y estirado cuello.

Aquella persona, empero, no tenía tiempo para tales fantasías; es más, era incapaz de entregarse al más nimio fantaseo. Y es que acababa de ver emerger del remolino de las nubes la figura de una seductora mujer de cierta edad, con sari de brocado verde y oro, brillante en la nariz y moño alto bien defendido por la laca de los embates del viento de las alturas, que viajaba cómodamente sentada en alfombra voladora. «Rekha Merchant — saludó Gibreel—, ¿acaso no has podido encontrar el camino del cielo?»

¡Impertinentes palabras para ser dichas a una muerta! Pero, en descargo del osado, puede aducirse su condición traumatizada y vertiginosa… Chamcha, agarrado a sus piernas, profirió una interrogación de perplejidad: «¿Qué diablos?»

«¿Tú no la ves? —gritó Gibreel—. ¿No ves su recondenada alfombra de Bokhara?»

No, no, Gibbo, susurró en sus oídos la voz de la mujer; no esperes que él confirme. Yo soy única y estrictamente para tus ojos, excremento de cerdo, mi bien. Con la muerte llega la sinceridad, amor, y ahora puedo llamarte por tu nombre.

La nebulosa Rekha murmuraba agrias trivialidades, pero Gibreel gritó otra vez a Chamcha: «Compa, ¿la ves o no la ves?»

Saladin Chamcha no veía, ni oía, ni decía nada. Gibreel se encaró con ella solo. «No debiste hacerlo —la reprendió—. No, señora. Es un pecado. Una enormidad.»

Oh, y ahora me riñes, rió ella. Ahora tú eres el que se da aires de moralidad, qué risa. Tú me dejaste, le recordó su voz al oído, como si le mordisqueara el lóbulo de la oreja. Fuiste tú, luna de mis delicias, el que se escondió en una nube. Y yo me quedé a oscuras, ciega, perdida por amor.

Él empezaba a tener miedo. «¿Qué quieres? No; no me lo digas, sólo márchate.»

Cuando estuviste enfermo, yo no podía ir a verte, por el escándalo; tú sabías que no podía, que me mantenía apartada por tu bien, pero después me castigaste, lo utilizaste de pretexto para marcharte, de nube para esconderte. Eso, y también a ella, la mujer de los hielos. Canalla. Ahora que estoy muerta he olvidado cómo se perdona. Yo te maldigo, mi Gibreel, que tu vida sea un infierno. Un infierno, porque ahí me mandaste, maldito seas, y de ahí viniste, demonio, y ahí vas, imbécil, que te aproveche la jodida zambullida. La maldición de Rekha y, después, unos versos en una lengua que él no entendía, secos y sibilantes, en los que repetidamente creyó distinguir, o tal vez no, el nombre de Al-Lat.

Gibreel se apretó contra Chamcha y salieron de las nubes. La velocidad, la sensación de velocidad volvió, silbando su nota escalofriante. El techo de nubes voló hacia lo alto, el suelo de agua se acercó y ellos abrieron los ojos. Un grito, el mismo grito que aleteaba en su vientre cuando Gibreel nadaba por el cielo, escapó de labios de Chamcha; un rayo de sol taladró su boca abierta liberándolo. Pero Chamcha y Farishta, que habían caído a través de las transformaciones de las nubes, también tenían contorno vago y difuso, y cuando la luz del sol dio en Chamcha, liberó algo más que un grito.

«Vuela —gritó Chamcha a Gibreel—. Echa a volar, ya.» Y, sin saber la razón, agregó lada orden: «Y canta.»

¿Cómo llega al mundo lo nuevo? ¿Cómo nace?

¿De qué fusiones, transubstanciaciones y conjunciones se forma?

¿Cómo sobrevive, siendo como es tan extremo y peligroso? ¿Qué compromisos, qué pactos, qué traiciones a su íntima naturaleza tiene que hacer para contener a la panda de demoledores, al ángel exterminador, a la guillotina?

¿Es siempre caída el nacimiento?

¿Tienen alas los ángeles? ¿Vuelan los hombres?

Quién es Salman Rushdie

♦ Nació en Bombay, India, en 1947.

♦ Es un escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio.

♦ Su segunda novela, Hijos de la medianoche, ganó el Premio Booker en 1981 y fue considerada «la mejor novela de todas las ganadoras» en dos ocasiones, con motivo del 25 y el 40 aniversario del premio.

♦ Recibió amenazas de muerte a causa de su cuarta novela, Los versos satánicos, incluida una fatwā que pedía su asesinato, emitida por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán.

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Putin moviliza más tropas hacia Ucrania y amenaza a Occidente

El presidente de Rusia acusa a Occidente de «chantaje nuclear».

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Putin moviliza más tropas hacia Ucrania y amenaza a Occidente

El presidente ruso, Vladimir Putin, convocó el miércoles a 300.000 reservistas para luchar en Ucrania y respaldó un plan para anexar partes del país, insinuando a Occidente que estaba preparado para usar armas nucleares en la defensa de su país.

Esta fue la primera movilización de este tipo de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial y significó la mayor escalada de la guerra de Ucrania desde la invasión de Moscú el 24 de febrero.

Siguió a las crecientes bajas y reveses en el campo de batalla de las fuerzas rusas, que fueron expulsadas de las áreas que habían capturado en el noreste de Ucrania en una contraofensiva ucraniana este mes y están empantanadas en el sur.

En un discurso a la nación rusa, Putin afirmó: «Si la integridad territorial de nuestro país se ve amenazada, utilizaremos todos los medios disponibles para proteger a nuestro pueblo, esto no es un engaño. Rusia tenía muchas armas para responder».

Ucrania y sus aliados occidentales respondieron diciendo que la medida mostraba que la campaña de Rusia en Ucrania estaba fallando y a partir de esto, los aliados prometieron más apoyo al gobierno del presidente Volodímir Zelenski.

El ministro de defensa de Rusia precisó que la movilización parcial traería a 300.000 reservistas con experiencia militar previa.

Aunque Rusia estuvo involucrada en una serie de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial, esta fue la primera convocatoria de este tipo desde entonces. El asesor presidencial ucraniano, Mykhailo Podolyak, admitió que era un paso predecible que resultaría extremadamente impopular.

«Atractivo absolutamente predecible, que parece más un intento de justificar su propio fracaso. La guerra claramente no va de acuerdo con el escenario de Rusia», interpretó Podolyak cuando fue consultado por la agencia Reuters.

Antes del discurso de Putin, los líderes mundiales reunidos en las Naciones Unidas en Nueva York denunciaron la invasión rusa de Ucrania y los planes para que cuatro regiones ocupadas celebren referéndums en los próximos días para unirse a Rusia.

Putin dijo que la movilización parcial de sus 2 millones de reservistas militares fue para defender a Rusia y sus territorios ya que Occidente no quería la paz en Ucrania. Acusó a Washington, Londres, Bruselas de presionar a Kiev para que «transfiera las operaciones militares a nuestro territorio». 

Ucrania ha atacado esporádicamente objetivos dentro de Rusia durante el conflicto, utilizando armas de largo alcance suministradas por Occidente. «También se ha utilizado el chantaje nuclear», dijo Putin, citando la planta de energía nuclear Zaporoyia de Ucrania. Rusia y Ucrania se acusaron mutuamente de poner en peligro la planta en los combates.

También acusó a los funcionarios de los países de la OTAN de hacer declaraciones sobre «la posibilidad y admisibilidad de usar armas de destrucción masiva contra Rusia: armas nucleares».

“Quiero recordarles que nuestro país también cuenta con diversos medios de destrucción, y en algunos componentes más modernos que los de los países de la OTAN”, dijo.

«El yugo de Ucrania»

Putin reafirmó que su objetivo era «liberar» el Donbass, el corazón industrial de Ucrania, y dijo que la mayoría de la gente no quería volver a lo que llamó el «yugo» de Ucrania.

En un movimiento aparentemente coordinado, los líderes regionales prorrusos anunciaron el martes referéndums del 23 al 27 de septiembre en las provincias de Lugansk, Donetsk, Kherson y Zaporiyia, que representan alrededor del 15% del territorio ucraniano.

Rusia ya considera a Lugansk y Donetsk, que juntos forman la región de Donbas que Moscú ocupó parcialmente en 2014, como estados independientes. Ucrania y Occidente consideran que todas las partes de Ucrania en poder de las fuerzas rusas están ocupadas ilegalmente.

Rusia ahora posee alrededor del 60% de Donetsk y había capturado casi todo Lugansk en julio después de lentos avances durante meses de intensos combates.

Esas ganancias ahora están amenazadas después de que las fuerzas rusas fueran expulsadas de la vecina provincia de Kharkiv este mes, perdiendo el control de sus principales líneas de suministro para gran parte de los frentes de Donetsk y Lugansk.

Malestar y protestas en Rusia

La oposición rusa convocó protestas callejeras contra la orden de movilización de Putin.

Alexei Navalny, el líder opositor más destacado de Rusia que actualmente está en prisión, dijo que Putin estaba enviando a más rusos a la muerte por una guerra fallida.

La coalición contra la guerra Vesna publicó: «Esto significa que miles de hombres rusos, nuestros padres, hermanos y esposos, serán arrojados a la picadora de carne de la guerra. Ahora la guerra ha llegado a todos los hogares y a todas las familias».

El ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, dijo el miércoles que 5.937 soldados rusos habían muerto desde el comienzo del conflicto. Pero los Estados Unidos estimó en julio el número de muertos en Rusia en alrededor de 15.000, en tanto que Ucrania contabiliza un número que se acerca a los 60 mil.

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Se enamoró de un preso por carta y se casaron él la mató a golpes frente a los invitados de la boda

Stepan estaba en la cárcel condenado por un crimen. Cuando salió de prisión se casó con Oksana, pero la fiesta se convirtió en un brutal asesinato. El femicida nunca se arrepintió y fue condenado a 18 años

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Se enamoró de un preso por carta y se casaron él la mató a golpes frente a los invitados de la boda

Oksana Poludentseva, de 36 años, era una mujer soltera. No había tenido parejas en los últimos años y se sentía sola en su casa de una pequeña aldea rusa llamada Chik. Allí los inviernos son muy largos y para paliar los silencios de la estepa, la joven rusa comenzó a cartearse con un hombre que estaba preso, condenado por un asesinato. Stepan Dolgikh, de 35 años, respondió los textos desde su celda. Había comenzado una historia que derivaría en un femicidio de terror.

Un amigo de Oksana contó que la chica “lo amaba y esperó con ansiedad su liberación para poder casarse y arrancar una vida juntos en la aldea rusa, en su propia casa”. El día que Stepan cumplió su condena, Oksana fue a esperarlo a la puerta de la cárcel y lo llevó directo a su pueblo. Allí, la pareja parecía conocerse de antemano por todas las cartas que ya se habían escrito, repletas de confesiones y promesas de amor.

El sueño de Oksana

Tras un tiempo breve de noviazgo, Oksana y Stepan decidieron casarse para sellar su amor para siempre. Según amigos de la mujer, durante el noviazgo nada hacía pensar que “podría pasar lo que pasó. No hubo ningún indicio o gesto de violencia de él hacia ella en ningún momento. O al menos no pudimos verlo”.

Los novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo rusoLos novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo ruso

Llegó el día del casamiento y la pareja se había vestido para la ocasión. Ella de blanco y él con el mejor traje que pudo conseguir en la aldea rusa. Casi todo el pueblo estaba invitado a la fiesta. Una ceremonia que por motivos trágicos les quedaría grabada para siempre en sus retinas.

Los novios dieron el sí en una Iglesia Ortodoxa de Chik, el pueblo ruso. El sacerdote le colocó a Oksana y Stepan las coronas atadas con un listón para unir las dos almas y demostrar así que la pareja está preparada para establecer su propio reino como cabezas de una nueva familia.

Luego, el religioso tomó las coronas, se colocó detrás de los novios y los bendijo intercambiando las coronas 3 veces. Oksana y Stepan bebieron tres sorbos de la misma copa de vino, lo simboliza que a partir de ese momento compartirán todo en sus vidas.

Ya con los anillos puestos, las manos de la pareja fueron unidas por el cura y se mantuvieron así hasta el final de la ceremonia. La chica rusa estaba cumpliendo el sueño de su vida. Entonces, salieron y una lluvia de arroz cayó sobre ellos. Se subieron a un auto que los esperaba en la puerta. De allí, se dirigieron a la fiesta que se realizaría en una casa de la aldea para un grupo pequeño de invitados.

Stepan arrojó el cuerpo de Oksana en un barranco de la fría estepa rusaStepan arrojó el cuerpo de Oksana en un barranco de la fría estepa rusa

Fiesta rojo sangre

Al llegar al lugar de la fiesta, nada hacía prever lo que iba a suceder menos de una hora de iniciado la reunión. Algo puso nervioso a Stepan. La excusa fue que Oksana había mirado o sonreído a un invitado más de la cuenta. Esa fue la excusa que usó el femicida para iniciar una andanada de golpes que terminarían con la vida de la novia.

Los testigos de la boda de sangre dijeron que Stepan empezó a patear y golpear a la mujer tras recriminarle por una sonrisa “de más de Oksana con un invitado”. Entonces, la golpeó en forma salvaje, dijo el investigador jefe del caso, el policía ruso Kirill Petrushin.

“La agarró del cabello, la golpeó, la empujó hacia la calle, donde también siguió pateándole el cuerpo y la cabeza”, agregó el policía ruso a cargo de la investigación. Tras cometer el crimen, el femicida arrastró el cuerpo ensangrentado de Oksana para tirarlo en un barranco cercano en la fría estepa rusa. Todo esto, mientras los invitados miraban por la ventana de la casa en la que se había realizado la reunión tras la ceremonia.

El suceso ocurrió solo un par de horas después de que la pareja intercambiara votos en su boda. Según los informes, los invitados estaban demasiado asustados para intervenir, pero llamaron a la policía. Ya era tarde para Oksana que había sido asesinada en el día de su casamiento.

El novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional RusaEl novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional Rusa

Condena sin arrepentimiento

El novio fue detenido en el lugar por la Guardia Nacional Rusa. Tenía las manos y el traje empapados de sangre de su novia y de sus propios nudillos lastimados por los golpes que le dio a la mujer. “La golpeó durante mucho tiempo, frente a testigos, y golpeó sus órganos vitales, en el torso y la cabeza”, dijo el policía que llevó adelante la investigación por el femicidio.

Apenas fue detenido, Stepan admitió completamente su culpabilidad durante la investigación pero nunca mostró arrepentimiento. “Todo lo desencadenó una mirada o una sonrisa de Oksana a un invitado -dijo el policía ruso Petrushin-. El femicida lo usó como una cruel excusa para golpear y patear a su esposa hasta matarla frente a los invitados de la fiesta. Ningún invitado se animó a intervenir. Tuvieron miedo por la violencia y los gritos que daba el novio cuando atacaba a Oksana”.

Stepan fue condenado a 18 años de prisión tras un juicio breve que contó con decenas de testigos y la confesión del femicida. La joven rusa quedó inconsciente tras los golpes que recibió en la cabeza. Y según la autopsia, las patadas en el torax fueron mortales. El femicida siguió golpeando a un cuerpo ya muerto durante varios largos minutos. Luego arrastró el cádaver de la novia por las calles desiertas de la aldea rusa y la arrojó en el primer barranco que encontró. Todo ante la mirada de los invitados que del terror quedaron paralizados. Los restos de Oksana fueron a dar contra las piedras frías de la estepa rusa, mientras Stepan confesaba al crimen ante la policía.

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Papa Francisco: «No pienso renunciar»

El papa Francisco desmintió rumores sobre su renuncia en una entrevista

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Papa Francisco: «No pienso renunciar»
El Papa Francisco dio una entrevista exclusiva a Crónica y habló sobre una nueva hipótesis sobre su probable dimisión. «No pienso renunciar», afirmó.

 

Sin embargo, ahora el Papa eligió a algunos periodistas para hablar de la hipótesis de su renuncia. “No ahora en el futuro vamos a ver”, dijo sobre una posible renuncia.

El sumo pontifice cumple en diciembre 86 años. Algunos aseguran que Francisco está planeando cuidadosamente el antes y el después de su renuncia. El presunto Juan XXIV tiene hoy las semblanzas del favorito a triunfar en el futuro cónclave que probablemente se reunirá en la Capilla Sixtina con Jorge Bergoglio aún vivo y fresca su renuncia, dos semanas después de su dimisión.

Desde el Vaticano, aseguran que el próximo será probablemente el cardenal Matteo María Zupy, romano de la poderosa comunidad de San Egidio, arzobispo de Bolonia, que el 11 de octubre cumplirá 67 años. Ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal italiana por voluntad de Francisco, que como obispo de Roma y Papa es el líder natural de la mayor asamblea de obispos de la Iglesia.

El Papa maneja los hilos de su sucesión y prepara las normas que regirán la candente cuestión de la dimisión del Papa. El gran teólogo conservador Joseph Ratzinger renunció en 2013 a los 85 años y todavía se especula sobre las causas de su dimisión.

El Vaticano confirmó este miércoles que dentro de una semana Francisco hará un viaje apostólico a Kazajistán, en Asia central, cuyo propósito principal es participar en un Congreso Interreligioso con líderes de las principales religiones. El principal objetivo era concretar una entrevista con el patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill, para favorecer un entendimiento entre la invadida Ucrania y el agresor ruso.

El Papa anunció hace dos días que los médicos le habían prohibido viajar a Ucrania y Moscú para avanzar en su proyectada mediación de paz. Explicó que la razón era que se había resentido otra vez la rodilla derecha en el viaje a Canadá.

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