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Internacional

Abusos, exorcismo, celos y horror: las adolescentes que asesinaron con sadismo a su amiga de 12 años

Hace 30 años, en enero de 1992, cuatro jóvenes secuestraron, torturaron y quemaron viva a Shanda Renee Sharer. Familias violentas y disfuncionales, relaciones abusivas y mentes perturbadas confluyeron para que la historia de la niña culmine de una manera atroz. Cómo se llegó al siniestro crimen y qué fue de la vida de las asesinas

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Abusos, exorcismo, celos y horror: las adolescentes que asesinaron con sadismo a su amiga de 12 años

Shanda Renee Sharer tenía solamente 12 años la madrugada de 1992 en la que fue secuestrada por cuatro chicas adolescentes y torturada hasta morir quemada.

Familias violentas y disfuncionales, relaciones abusivas y mentes perturbadas confluyeron para que la historia de Shanda culmine de la peor manera.

Este siniestro crimen dejó claro que ser adolescente no es en absoluto una característica que exima al ser humano de maldad.

El caudal de horror que expuso el caso sacudió profundamente a la sociedad norteamericana.

Shanda Renee Sharer (12 años, la víctima)

Shanda nació en el Hospital de Pineville, en Kentucky, el 6 de junio de 1979. Luego del divorcio de sus padres, Steve Sharer y Jacqueline Vaught, su madre volvió a casarse y la nueva familia se mudó a Louisville. Las cosas tampoco fueron bien en este matrimonio y Jacqueline se separó una vez más.

Shanda Renee Sharer era una preadolescente alegre y con muchas amigas

En junio de 1991 se trasladó con sus hijas a New Albany, Indiana. Aquí Shanda ingresó al colegio secundario Hazelwood. Pero, muy poco después, sus padres la cambiaron a la escuela católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, para alejarla de una amiga que no les parecía conveniente (ya hablaremos de ella más adelante).

Al momento de su asesinato, en enero de 1992, Shanda asistía a otra institución, el colegio St Paul, donde participaba como animadora de los equipos de volleyball y softball.

Era una preadolescente alegre y llena de amigas.

Melinda Loveless (16 años, la mente asesina)

Nacida en New Albany, el 28 de octubre de 1975, Melinda, no pudo tener un apellido más significativo: Loveless que, en inglés, quiere decir “sin amor”.

Era la más chica de tres hermanas del turbulento matrimonio conformado por Marjorie y Larry Loveless.

Larry había sido enviado, por la Armada de los Estados Unidos, a la guerra de Vietnam y había regresado como un héroe, pero en realidad de héroe no tenía nada.

Melinda Loveless tuvo una infancia de abusos y abandono. Fue quién planeó el asesinato como venganza: decía que Shenda, de solo 12 años, le había quitado a su novia

Trabajó de manera irregular para la red ferroviaria sureña de su país y, en 1972, se convirtió en supervisor de libertad condicional en el departamento de policía de New Albany. Duró poco. A los ocho meses fue despedido luego de que atacara a un hombre negro al que acusó de haber salido con su mujer.

Marjorie también trabajaba de manera irregular. Vivían en un barrio de clase media alta y, cuando los dos tenían empleo, la familia la pasaba bien. Pero las cosas se iban a pique cuando Larry gastaba de manera compulsiva en autos caros y armas de fuego. En 1980, Larry se declaró en bancarrota. Sus familiares describieron que la situación, en ese entonces, se volvió caótica y que las chicas Loveless pasaban hambre.

En esos años, hubo un período en el que la pareja se involucró con una Iglesia Bautista y renunciaron a beber y a las prácticas swinger. Melinda, que tenía cinco años, fue sometida -por sus problemas de conducta- a un exorcismo que duró cinco horas.

Intramuros, todo era bastante traumático. Las promesas de la pareja resultaron vanas. Al poco tiempo, Larry intentó abusar de una mujer y tuvieron que dejar la iglesia. Marjorie y Larry volvieron a su vida de descontrol, lujuria y alcohol. Mantenían un matrimonio abierto: iban a bares donde Larry simulaba ser médico o dentista y presentaba a Marjorie como su novia. La “compartía” con compañeros y amigos. Una de esas veces, durante una orgía con otra pareja en su casa, Marjorie intentó suicidarse. Algo que repetiría varias veces más durante la infancia de sus hijas que presenciaban el desmoronamiento familiar sin poder hacer nada.

Esa alienante vida familiar fue el marco en el que creció Melinda

En 1986, luego de que ella no lo dejara ir a su casa con dos mujeres que había conocido en un bar, Larry le dio una paliza que la mandó al hospital. El ex “héroe” de Vietnam, terminó preso.

Las chicas sufrían mucha vergüenza y dolor por las conductas de su padre. A veces, tomaba sus bombachas y las olía delante de otros familiares.

En noviembre de 1990 Marjorie sorprendió a Larry espiando a Melinda y a una amiga. Lo atacó con un cuchillo. Él quiso agarrarlo y se cortó la mano. Terminó en el hospital. Esto condujo a un nuevo intento de suicidio de Marjorie. Fueron sus hijas quienes llamaron a la ambulancia.

Luego de este escándalo, Larry pidió el divorcio y se mudó al estado de Florida. Melinda se sintió abandonada por su padre, sobre todo cuando él volvió a casarse.

Marjorie, durante el juicio, describió a Larry como un pervertido: sostuvo que le gustaba usar la ropa interior y el maquillaje de ella y de sus hijas y que, además, tenía obsesión con verla tener sexo con hombres y mujeres.

Esa alienante vida familiar fue el marco en el que creció Melinda. De pelo largo y ondeado y contextura pequeña a la adolescdente le gustaba posar sexy frente a la cámara y desafiar a todos. En sus años de carencias afectivas había desarrollado un malsano instinto posesivo.

Mary Laurine Tackett (17 años, la cómplice violenta)

Lauri, así le decían de pequeña, nació en Madison, Indiana, el 5 de octubre de 1974. De pelo casi blanco y ojos azules, era la clásica chica norteamericana de las películas. Su padre era operario en una fábrica y su madre, una mujer muy religiosa, fanática de la Iglesia Pentecostal.

En mayo de 1989 su madre la descubrió cambiándose de ropa para salir del colegio y la atacó tomándola del cuello. Casi la ahorca. La cosa terminó con asistentes sociales visitando a la familia para asegurarse de que no hubiera más abuso infantil. Pero las peleas de Laurie con su madre siguieron sucediendo.

Mary Laurine Tackett se fanatizó con el ocultismo. A sus amigos les decía que estaba poseída por el espíritu de “Deanna la vampira”

Un día, enterada de que el padre de una de las amigas de su hija, Hope Rippey, había comprado para las chicas una tabla Ouija (especie de tablero de madera a través del cual algunos creen establecer contacto con espíritus), también llamado Tablero de las brujas, fue hasta lo de los Rippey. Les exigió que la quemaran y que exorcizaran la casa.

Nada de esto alcanzó para encauzar a Laurie que fue volviéndose más y más rebelde después de los 15 años y se fanatizó con el ocultismo. A sus amigos les decía que estaba poseída por el espíritu de “Deanna la vampira”. Empezó a autolesionarse copiando a una amiga.

Desesperados, el 19 de marzo de 1991, sus padres la llevaron al hospital. Los psiquiatras le prescribieron antidepresivos y, luego de unos días, le dieron el alta. Pero 48 horas después se cortó las muñecas y tuvo que ser reingresada. Fue recluida en el área psiquiátrica. Confesó que tenía alucinaciones desde muy chica y le diagnosticaron “personalidad borderline”.

Salió de allí el 12 de abril de 1991 y en septiembre abandonó el colegio. Ingobernable, cuando cumplió los 17, dejó la casa de sus padres y se fue a vivir con amigos. Se hizo amiga de Melinda Loveless a fines de noviembre de ese año. En diciembre, volvió a mudarse con sus padres a Madison porque le prometieron que le comprarían un auto. Así lo hicieron, pero lo cierto es que terminó pasando la mayor parte del tiempo entre Louisville y New Albany, y siempre acompañada por Melinda.

Laurie Tackett (quien alegó posteriormente durante el juicio haber sufrido abuso sexual al menos dos veces entre los 5 y los 12 años) se había sumado, como ya veremos, al combo mortal.

Hope Rippey, (15 años, la aliada del horror)

Hope Anna Rippey, nació el 9 de junio de 1976 en Madison, al igual que Laurie Tackett. Su padre era ingeniero en una planta de energía. En 1984 sus padres se divorciaron y ella terminó mudándose a Michigan con su madre y sus hermanos durante tres años. Sus padres se reconciliaron en 1987 y volvieron a vivir a Madison donde se reunió nuevamente con sus amigas de infancia, Laurie Tackett y Toni Lawrence.

Hope Rippey como sus amigas comenzó a automutilarse

Sus padres veían a Laurie como una pésima influencia. pero poco podían hacer. Hope ya sentía atracción por otras chicas y se catalogaba como bisexual. Como sus amigas, comenzó a automutilarse.

La chica de 15 años, de pelo castaño por debajo de los hombros y sonrisa fácil, pasó a integrar la banda asesina.

Toni Lawrence (15 años, la arrepentida)

Nacida en febrero de 1976 en Indiana, Toni Lawrence fue la cuarta adolescente en pasar a formar parte del grupo. Rubia, de pelo ondulado, usaba unos grandes anteojos porque era muy corta de vista.

Toni Lawrence había sido abusada por un familiar cuando tenía 9 años y violada por un adolescente que la acosaba, a los 14

Su padre trabajaba como empleado de una metalúrgica. Toni había sido abusada por un familiar cuando tenía 9 años y violada por un adolescente que la acosaba, a los 14. Traumada por los ataques sexuales llegó a hacer terapia por un tiempo, pero luego abandonó. No encontraba el rumbo y terminó por inclinarse hacia una vida promiscua. Y, para no ser menos que sus amigas, empezó a lastimarse. En esos tiempos incluso intentó suicidarse.

Las amigas se hallaban unidas por el espanto. Constituían una tribu donde la normalidad no tenía cabida.

Peores amigas

Desde que su padre se volvió a casar Melinda Loveless andaba furiosa. Presentaba una conducta errática y peleaba mucho con sus compañeras de colegio.

En 1990 se puso de novia con una chica del colegio, muy deportista, llamada Amanda Heavrin.

En marzo de 1991, Melinda por fin se animó y salió del clóset. Le dijo a su madre que le gustaban las chicas. Marjorie, al principio, se enojó, pero luego acabó aceptándolo.

Amanda y Shanda Sharer se conocieron también en 1991. Se hicieron muy amigas y Melinda, inmediatamente, estalló de celos. Por eso, cuando su relación con Amanda Heavrin empezó a deteriorarse, le echó la culpa a Shanda, esa preadolescente cinco años más chica que ella. La odió.

Shanda y Amanda asistían juntas a clases de danza. Melinda un día las confrontó y amenazó a Shanda.

Shanda Renee Sharer con su madre

Todo eclosionó cuando se las encontró juntas en un festival. Melinda, en público, volvió a hostigar a Shanda. Las cartas estaban jugadas.

Los padres de Shanda estaban muy preocupados por la relación de su hija con Amanda. Finalmente se decidieron y la sacaron del colegio. Pensaron que así terminarían con esa “amistad” rara y con tanta diferencia de edad. En noviembre, la transfirieron a un colegio católico. Creían que una institución con valores más firmes funcionaría como contención. Lograron separarlas por un tiempo.

A pesar del distanciamiento de Shanda y Amanda, Melinda no se arregló con su ex. Sus celos de Shanda no se habían apaciguado. Quería hacerla escarmentar.

Así llegamos a enero de 1992.

Preludio de un crimen

El 10 de enero de 1992, Laurie Tacket (17) pasó a buscar a Toni Lawrence (15) y a Hope Rippey (15) en su auto. Ni Hope ni Toni conocían en persona, todavía, a Melinda Loveless (16). Si bien las tres sabían de los planes de Melinda para “asustar” a su rival amorosa Shanda Sharer (12), tampoco conocían a la víctima.

Apenas llegaron a la casa de Melinda le pidieron ropa prestada. Ella, envalentonada, les mostró un cuchillo y les contó cómo iba a asustar a Shanda. En el camino hacia lo de su enemiga, volvió a explicarles por qué detestaba a la chica: era una “perra” que le había robado a su novia Amanda.

Llegaron antes de que anocheciera.

La casa de donde salió Shanda Renee Sharer el día que la secuestraron y asesinaron

El plan era que Hope y Toni tocarían la puerta, le dirían que iban de parte de Amanda Heavrin y la invitarían a ir con ellas a un sitio llamado “El Castillo de las Brujas”.

Lo siguieron al pie de la letra, pero Shanda les respondió que no podía ir: sus padres estaban despiertos y no la dejarían marcharse. Les sugirió que volvieran después.

La banda de las cuatro decidió hacer tiempo y se fue hacia la ciudad a un concierto de punk rock. Hope y Toni no estaban para nada interesadas en la música. Conocieron a dos chicos y resolvieron volver al parking y, en el auto de Laurie, mantuvieron relaciones con ellos. Finalmente, las cuatro emprendieron el camino de regreso a la casa de Shanda. Melinda iba como loca repitiendo que no podía esperar para matarla. Al mismo tiempo, les confesó que encontraba atractiva a Shanda y que tendría sexo con ella.

Llegaron poco antes de la una de la madrugada del sábado 11 de enero de 1992.

Un cuchillo desafilado

Esta vez fueron Laurie y Hope las que bajaron a buscar a Shanda, Toni no quiso hacerlo. Shanda salió con ellas y se subió en la parte trasera del vehículo. Melinda estaba escondida debajo de una manta y en la mano tenía empuñado un cuchillo desafilado. Saltó sobre Shanda y le apoyó el cuchillo en el cuello. Lo que seguiría serían nueve horas de amenazas y brutales torturas.

Condujeron el coche con dirección a Utica, Indiana, donde estaba El Castillo de las Brujas, una construcción de piedra destruida, en una colina desolada que da sobre el río Ohio. Melinda aprovechó el trayecto para relatarles que, según decía la leyenda, la casa había pertenecido a nueve brujas y que la gente del pueblo la había quemado para deshacerse de ellas.

El Castillo de las Brujas, donde llevaron a Shenda, era una construcción de piedra destruida en una colina desolada que daba sobre el río Ohio

Una vez que llegaron al sitio, entre todas, ataron a Shanda por las muñecas y los tobillos. La menor lloraba. La oscuridad de la noche se iluminaba, cada tanto, por las luces de los autos que pasaban por el camino principal. Comenzaron a temer que alguien las viera y optaron cambiar de sitio. Irían a un lugar más aislado, cerca de lo de Laurie. En el camino pararon a cargar nafta.

Laurie las condujo hasta un basural, en una ruta desolada y rodeada de árboles. Toni y Hope estaban tan asustadas que no querían salir del auto.

Melinda y Laurie bajaron con Shanda. La obligaron a desvestirse y luego Melinda comenzó a golpearla con sus puños. Una vez que Shanda estuvo en el suelo le pegó varias veces en la cara con sus rodillas. El impacto de cada rodillazo hacía que los aparatos fijos que tenía colocados Shanda se incrustaran en sus labios y cortaran su boca.

Melinda enceguecida sacó el cuchillo e intentó degollarla. La falta de filo hizo imposible sus intentos. La lastimaba, pero no lo suficiente y la víctima peleaba por su vida. Fue entonces que Hope salió del auto para ayudarlas a mantener a Shanda inmóvil contra el piso. Laurie y Melinda se turnaron entonces para apuñalarla en el pecho y golpearla con un hierro. Le hicieron tajos en las piernas y, después, le pusieron una soga al cuello. Apretaron con todas sus fuerzas y Shanda cayó desmayada. La subieron al baúl del auto y le dijeron a Toni que estaba muerta.

Eso creían.

Shanda iba sangrante, dolorida y aturdida, pero todavía viva, en aquel baúl.

Quemada viva

Con Shanda aprisionada fueron hasta la casa de Laurie donde tomaron algo y se limpiaron la sangre de sus manos y brazos. En eso estaban cuando escucharon gritos que venían de fuera de la casa. Más precisamente del auto. Shanda estaba viva y a los alaridos. Laurie salió iracunda con un cuchillo pequeño para vegetales. Abrió el maletero y la apuñaló varias veces más. Volvió dos minutos después bañada en sangre. Se metió en la ducha, se limpió y luego tomó sus piedras y runas para leerles el futuro.

Un rato después, Laurie y Melinda salieron a dar una vuelta con el auto. Shanda, a pesar de todos los golpes y puñaladas, seguía emitiendo ruidos que sonaban como gorjeos y llantos. Laurie detuvo la marcha y bajó a mirar. Abrió la tapa y Shanda se sentó de golpe, toda cubierta de sangre, intentó hablar, pero no le salían las palabras. De pronto se le dieron vuelta los ojos hacia atrás. Laurie tomó el mismo hierro con el que la habían atacado antes y le comenzó a pegar hasta que Shanda quedó totalmente en silencio.

Las amigas bajaron el cuerpo de Shanda del auto, quien todavía respiraba, envuelto en una manta, lo dispusieron en el piso. Laurie le pidió a Hope que la rociara con la botella de combustible. Luego prendieron la fogata

Volvieron a la casa antes del amanecer. Hope y Toni preguntaron qué había pasado y Laurie riendo a las carcajadas empezó a contarles la escena de cuando Shanda se había sentado en el baúl. El ruido despertó a la madre de Laurie que empezó a gritarle a su hija que se callara, que por qué había salido hasta tan tarde y qué hacía con tantas chicas en su casa. Laurie la aplacó diciéndole que las llevaría a cada una de regreso a sus casas.

Salieron y en una estación de servicio, cargaron un poco de nafta y compraron una Pepsi de dos litros.

Laurie vació la botella de gaseosa y la rellenó con gasolina. Siguieron su marcha.

Cuando llegaron a un lugar llamado Lemon Road, bajaron el cuerpo de Shanda, quien todavía respiraba, envuelto en una manta, lo dispusieron en el piso. Laurie le pidió a Hope que la rociara con la botella de combustible. Luego prendieron la fogata.

Como Melinda Loveless todavía temía que su enemiga siguiera viva, volvió al lugar con más combustible. El cuerpo ardió un poco más.

De allí, las cuatro se fueron a un McDonald’s. Querían desayunar. Eran las 9.30 y no daban más de hambre. Se rieron juntas y se burlaron sobre cómo había quedado el cuerpo de Shanda. ¡Dijeron que parecía una de esas salsas que estaban comiendo!

Laurie llevó a Toni y a Hope a sus respectivas casas y volvió a la suya con Melinda donde limpiaron el auto con una manguera. A las tres de la tarde alcanzó a Melinda a su vivienda. Melinda, muy excitada con lo que habían hecho, llamó a su ex Amanda y le contó que habían matado a Shanda Sharer. Muchas veces le había dicho que pensaba matarla. Amanda aseguraría luego que, en ese momento, no le creyó.

Aparición sin vida

Más tarde ese mismo día, Donn y Ralph Foley, dos hermanos que habían salido a cazar pájaros, notaron algo que despedía humo y un olor especial al costado del camino. Curiosos, bajaron a ver. Era una figura chamuscada. La parte superior estaba casi calcinada, se veían sus dientes. El cuerpo ennegrecido tenía los puños elevados hacia el cielo y las piernas, que todavía conservaban unas medias largas desgarradas, estaban abiertas. Horrorizados, llamaron a la policía.

Eran las 10.55.

A esa hora la banda inconcebible y asesina se encontraba cerca, desayunando.

Los detectives llegaron y comenzaron a recolectar la evidencia forense. Lo primero que pensaron es que había sido una venta de drogas que había resultado mal.

Al mismo tiempo, en la casa de los Sharer cundía la alarma. Steve notó que su hija no estaba. Llamó a los amigos de Shanda y, finalmente, se armó de coraje y llamó a su ex mujer. Eran las 13.45. Fueron juntos a la comisaría para reportar la desaparición de Shanda.

Melinda Loveless, Laurie Tackett, Toni Lawrence y Hope Rippey

Simultáneamente, Melinda y Laurie, seguían con la necesidad de impresionar a otros. Llamaron a una amiga, Crystal, y con ella fueron a buscar a Amanda, la ex novia de Melinda.

La única que había presenciado todo y que estaba horrorizada era Toni Lawrence. En pocas horas su psiquis colapsó. A las 20.20 de esa tarde terminó yendo con sus padres a la comisaría. Lo contó todo. Dio nombres y edades. Los detectives no podían creer lo que escuchaban.

Tenían una chica denunciada como desaparecida, un cuerpo quemado hallado por unos cazadores y una confesión horripilante.

Diez horas después de haber hallado los restos carbonizados la policía tenía resuelto el caso.

Los Sharer recibieron la noticia más atroz.

Allí, donde nunca pasaba nada, cuatro chicas de entre 15 y 17 años habían torturado hasta la muerte a una de 12. No podía ser cierto, pero lo era.

El detective Howard Henry se dirigió a la casa de Shanda para conseguir sus fichas dentales para una correcta identificación de la víctima.

Las primeras en ser detenidas, al día siguiente, fueron Melinda y Laurie.

Cuatro condenas y el fin de la inocencia

Las primeras fotos policiales de las cuatro detenidas impactan. No solo por su juventud sino porque tanto Melinda como Hope sonríen alegres para la cámara. Podría ser una foto tomada durante unas vacaciones felices. No se la ve así a Laurie Tackett, quien tiene una mirada extraviada enmarcada por su cortísimo pelo dorado revuelto. Ni a Tony Lawrence, quien parece ser la única que se percata de la gravedad de lo que han hecho. Detrás de sus anteojos, sus ojos revelan algo de horror vivido.

Los peritos forenses durante el juicio pudieron establecer cosas horribles: que Shanda tenía sus muñecas y tobillos atados, que había sido golpeada con un objeto contundente varias veces; que había sido apuñalada en el pecho, que tenía cortes en las piernas y que había sido brutalmente sodomizada con un objeto filoso. El Dr. Nichols estableció que la causa de muerte fue por quemaduras e inhalación de humo. Shanda había sido quemada viva.

Los profesores del colegio secundario se mostraron sorprendidos y dijeron que ni Hope ni Toni tenían problemas de disciplina y que estaban por encima del promedio de los alumnos. Sus compañeros dijeron que solo eran un poco raras y que pasaban mucho tiempo vistiendo ropas negras. El preceptor escolar Larry Cummins sostuvo que Laurie Tackett era una estudiante con buenos valores y que había sido muy religiosa. En fin, cada uno había visto solo un pedazo de la foto, no la imagen completa.

Melinda Loveless fue el cerebro, y sus amigas las cómplices. Las cuatro jóvenes fueron juzgadas como adultos y, para evitar la pena de muerte, aceptaron acuerdos con la fiscalía

Si Larry había abusado o no de sus hijas es algo que no quedó del todo claro. En la corte, durante el juicio por el crimen de Shanda, se dijeron entre otras cosas que había acariciado a la hermana menor de su mujer y que había molestado a las hijas de su primo Teddy, de entre 10 y 14 años. Teddy, incluso, testimonió que Larry había atado una vez a las tres hermanas en el garage y las había violado sucesivamente. Pero ninguna de las hermanas aceptó que eso hubiera ocurrido. Sí quedó demostrado que era un violento y que un par de veces las apuntó con un arma.

Por supuesto, las defensas de las acusadas, lo intentaron todo. La de Melinda alegó que su clienta tenía un retraso mental y que había sufrido incontables abusos en su niñez.

El horror en las portadas de los diarios

Las cuatro jóvenes fueron juzgadas como adultos y, para evitar la pena de muerte, aceptaron acuerdos con la fiscalía.

Laurie Tackett y Melinda Loveless recibieron un castigo de 60 años de cárcel. Toni Lawrence fue sentenciada a 20 años de cárcel y Hope Rippey recibió una condena a 50 años, que luego le fue reducida a 35 años.

Toni Lawrence fue la primera en ser liberada en el año 2000. En abril de 2006, Hope recuperó la libertad bajo palabra por su buena conducta. Estuvo bajo supervisión durante cinco años. El 11 de enero de 2018 le otorgaron la libertad condicional a Laurie Tackett y, el 5 de septiembre de 2019, al cerebro de la banda, Melinda Loveless. Le faltaban pocos días para cumplir los 44 años y había estado presa 26.

El difícil después

El padre de Melinda, Larry Loveless, fue arrestado en febrero de 1993 y trasladado a Indiana para enfrentar cargos de violación y ataque sexual. Pasó en prisión dos años esperando su juicio y, finalmente, al caerse varios de los cargos, fue liberado en junio de 1995. En 1998 se suicidó tirándose debajo de un ómnibus escolar. Tenía 52 años.

El padre de Shanda murió en 2005, a los 53, como consecuencia del alcoholismo en el que había caído luego de la violenta muerte de su hija. Fue enterrado al lado de Shanda. Jacqueline Vaught, la madre de la víctima, dijo en un reportaje por televisión que su ex marido estaba tan destruido por el asesinato de Shanda que “hizo todo lo posible por morirse”.

Demás está decir que el caso inspiró exitosas series, documentales, dos libros (uno best seller) y una obra de teatro.

Jacqueline en los años siguientes se enfrentó a Amanda Heavrin a quien considera tan culpable como a las otras cuatro chicas por la muerte de Shanda. Al fin de cuentas, dice, fue por los celos que ella despertó que terminó siendo asesinada. Alega también que Amanda mantenía relaciones sexuales con Shanda quien era menor de edad. Para la ley, remarca Jacqueline, eso es abuso deshonesto. Además, asegura que Amanda sabía que Melinda quería matar a Shanda y no hizo nada por impedirlo.

El 5 de septiembre de 2019, al cerebro de la banda, Melinda Loveless quedó en libertad. Le faltaban pocos días para cumplir los 44 años y había estado presa 26

Curiosamente, en 2012, la madre de Shanda le donó a Melinda Loveless un perro llamado Ángel, en nombre de su hija, y la autorizó para que trabajara en entrenamiento de mascotas que ayudan a gente con capacidades diferentes.

A quienes la criticaron por su decisión, les explicó: “Es mi decisión de hacerlo. Shanda es mi hija. Yo sé lo que mi hija hubiese querido que haga y es exactamente lo que llevé a cabo. Si no dejás que algunas cosas buenas salgan de las cosas malas, nada mejora”.

Jacqueline había encontrado la manera de soportar su martirio.

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Internacional

Masacre en Bucha: New York Times documentó un brutal crimen de guerra de las tropas de Putin

Testimonios y videos detallan cómo paracaidistas rusos ejecutaron al menos a ocho hombres ucranianos en un suburbio de Kiev el 4 de marzo. Un fusilado que sobrevivió contó cómo fue la matanza. IMÁGENES SENSIBLES

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Masacre en Bucha:  New York Times documentó un brutal crimen de guerra de las tropas de Putin

Una investigación del diario estadounidense The New York Times documentó la ejecución perpetrada por soldados rusos contra un grupo de ucranianos. Videos, fotos y testimonios muestran la última vez que se ve a los hombres con vida y cómo fueron asesinados.

En dos videos, los paracaidistas rusos los hacen desfilar a punta de pistola por una calle de Bucha, un suburbio de Kiev. Algunos de los cautivos ucranianos están encorvados, sujetando los cinturones de los que tienen delante. Otros tienen las manos sobre la cabeza. “Camina hacia la derecha, perra”, les ordena uno de los soldados.

Los videos, filmados el 4 de marzo por una cámara de seguridad y un testigo en una casa cercana y obtenidos por The New York Times, son la prueba más clara hasta ahora de que los hombres estaban bajo la custodia de las tropas rusas minutos antes de ser ejecutados.

“Los rehenes están tirados ahí, contra la valla”, dice la persona que graba uno de los videos. Cuenta: “Uno, dos, tres, seguro, cuatro, cinco, seis…”. En total, hay nueve personas retenidas.

Los hombres son obligados a tirarse al suelo, entre ellos uno que lleva una sudadera con capucha azul brillante muy característica.

El video termina. Pero ocho testigos relatan al Times lo que ocurrió a continuación. Los soldados llevaron a los hombres detrás de un edificio de oficinas cercano que los rusos habían tomado y convertido en una base improvisada. Hubo disparos. Los cautivos no volvieron.

Un video grabado con un dron un día después, el 5 de marzo, también obtenido por el Times, es la primera prueba visual que confirma los relatos de los testigos. Muestra los cadáveres tendidos en el suelo junto al edificio de oficinas de la calle Yablunska 144 mientras dos soldados rusos hacían guardia junto a ellos. Entre los cuerpos, se veía un destello de color azul brillante: el cautivo de la sudadera azul.

Una fotografía de los cadáveres de los hombres ejecutados que yacían en un patio, algunos con las manos atadas, formaba parte de una serie de imágenes que recibieron la atención mundial a principios de abril tras la retirada de las fuerzas rusas de Bucha. Los dirigentes rusos al más alto nivel han negado repetidamente haber actuado mal en Bucha y han calificado las imágenes de “provocación y falsas”.

Tras el retiro de las tropas rusas, periodistas retrataron el horror que dejaron a su paso. La imagen de los cadáveres en la calle Yablunska fue la que inició la investigación (Vadim Ghirda/Associated Press)Tras el retiro de las tropas rusas, periodistas retrataron el horror que dejaron a su paso. La imagen de los cadáveres en la calle Yablunska fue la que inició la investigación (Vadim Ghirda/Associated Press)

Pero una investigación de varias semanas realizada por The Times aporta nuevas pruebas -incluidos los tres videos- de que los paracaidistas rusos acorralaron y ejecutaron intencionadamente a los hombres fotografiados en el patio, implicando directamente a estas fuerzas en un probable crimen de guerra. Los ministerios de Asuntos Exteriores y de Defensa de Rusia no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre las conclusiones de The Times.

Para descubrir lo que les ocurrió a estos hombres, The Times pasó semanas en Bucha entrevistando a un superviviente, testigos, forenses y funcionarios policiales y militares. Los reporteros recopilaron videos inéditos del día de la ejecución, una de las únicas pruebas hasta ahora para rastrear los últimos movimientos de las víctimas. El Times buscó en las redes sociales informes sobre personas desaparecidas, habló con los familiares de las víctimas y, por primera vez, identificó a todos los hombres ejecutados y el motivo por el que la mayoría de ellos fueron elegidos.

Regreso a Bucha

Los soldados rusos entraron por primera vez en Bucha a finales de febrero, días después del comienzo de la guerra, mientras avanzaban hacia Kiev. Las fuerzas ucranianas estaban preparadas para ellos. Arrasaron con los paracaidistas rusos al frente de la columna en una emboscada. Los avisos de muerte y las entrevistas con prisioneros rusos publicadas por un youtuber ucraniano indican que al menos dos unidades de paracaidistas -los Regimientos de Asalto Aerotransportado 104 y 234- sufrieron pérdidas.

Los rusos se retiraron y se reagruparon antes de regresar el 3 de marzo, dirigiéndose a la calle Yablunska, una larga vía que atraviesa la ciudad. Las imágenes de las cámaras de seguridad obtenidas por The Times muestran que los soldados, al igual que los que fueron emboscados a finales de febrero, eran paracaidistas. El video les muestra conduciendo vehículos -como los diseños BMD-2, BMD-3 y BMD-4- que son utilizados casi exclusivamente por las Fuerzas Aerotransportadas rusas, según expertos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos y del Real Instituto de Servicios Unidos.

Los paracaidistas patrullaron la zona, realizando registros casa por casa y operando dentro y fuera del número 144 de la calle Yablunska, un edificio de oficinas de cuatro plantas que los rusos convirtieron en base y hospital de campaña.

Cámara de seguridad muestra a tropas rusas en el momento en que se realizaba la ejecuciónCámara de seguridad muestra a tropas rusas en el momento en que se realizaba la ejecución

A unos 300 metros de esa base, en el número 31 de la calle Yablunska, Ivan Skyba, un constructor de 43 años, y otros cinco combatientes habían estado vigilando un puesto de control improvisado cuando volvieron los rusos. Tenían una granada, chalecos antibalas y un rifle entre ellos, dijo Skyba al Times.

Avisados por radio de que los rusos habían vuelto a Bucha y se dirigían hacia ellos, se escondieron en la casa junto al puesto de control, junto con el propietario, Valera Kotenko, de 53 años, que había estado llevando a los combatientes té y café, dijo Skyba.

Más tarde se les unieron otros dos combatientes, Andriy Dvornikov y Denys Rudenko, el hombre que lleva la sudadera azul en el video. Mientras los nueve hombres se escondían, enviaban mensajes de texto y llamaban a sus seres queridos. Rudenko envió un mensaje a su mejor amigo diciendo que estaban atrapados. “No llames. Llamaré más tarde”, escribió.

Los hombres se refugiaron allí durante la noche. En la mañana del 4 de marzo, se dieron cuenta de que era imposible escapar. “Estamos rodeados”, escribió Rudenko a su amigo. “Por ahora estamos escondidos. Están disparando desde vehículos blindados y con calibre pesado”.

Los ocho ejecutados: Anatoliy Prykhidko, Andriy Matviychuk, Andriy Verbovyi, Denys Rudenko, Andriy Dvornikov, Svyatoslav Turovskyi, Valera Kotenko y Vitaliy Karpenko.Los ocho ejecutados: Anatoliy Prykhidko, Andriy Matviychuk, Andriy Verbovyi, Denys Rudenko, Andriy Dvornikov, Svyatoslav Turovskyi, Valera Kotenko y Vitaliy Karpenko.

Dvornikov, conductor de reparto, llamó a su esposa, Yulia Truba, a las 10:20 de la mañana, según dijo ella al Times. “No podemos salir. Llamaré cuando llame”, dijo, antes de decirle que borrara todos sus mensajes y que se preparara para evacuar. “Te quiero”, le dijo.

Alrededor de una hora más tarde, los soldados rusos que realizaban el registro encontraron a los hombres y obligaron a los nueve, incluido el propietario, a salir de la casa a punta de pistola, dijo Skyba. Los soldados registraron a los hombres en busca de tatuajes que pudieran indicar una afiliación militar y obligaron a algunos de ellos a quitarse las chaquetas y los zapatos de invierno. Luego los acompañaron a la base rusa de la calle Yablunska 144.

Lo que ocurrió a continuación fue descrito a los reporteros del Times por Skyba y siete testigos civiles a los que las fuerzas rusas también reunieron en las casas vecinas y retuvieron en un grupo separado a metros de los combatientes cautivos.

Los testigos dijeron que vieron al grupo de cautivos en el aparcamiento frente a la base rusa con las camisas puestas sobre la cabeza. Yura Razhik, de 57 años, que vive frente al edificio de oficinas, dijo que algunos tenían las manos atadas. Los soldados rusos les hicieron arrodillarse y luego dispararon a uno de los hombres, Vitaliy Karpenko, de 28 años, casi inmediatamente, dijo Skyba. Razhik dijo que también fue testigo de los disparos.

Una investigación del New York Times revela detalles de un posible crimen de guerra

Skyba y otro cautivo, Andriy Verbovyi, fueron llevados al interior del edificio, dijo, donde fueron interrogados y golpeados antes de que Verbovyi fuera disparado y asesinado. Los soldados llevaron a Skyba de vuelta al aparcamiento, donde los otros guardias del puesto de control seguían retenidos.

En un momento dado, uno de los guardias del puesto de control confesó a los rusos que eran combatientes, dijo Skyba, y ese hombre fue finalmente liberado. Ahora está siendo investigado por las autoridades ucranianas, según un comandante militar local y los investigadores; un documento del gobierno visto por el Times especifica que es por “alta traición”.

Los soldados debatieron qué hacer con los hombres restantes. “Deshazte de ellos, pero no aquí, para que sus cuerpos no queden tirados por ahí”, dijo uno, según Skyba.

Una ejecución en el patio

Dos soldados rusos llevaron a Skyba y a los restantes cautivos a un patio en el lado del edificio, donde ya estaba el cuerpo de otro hombre muerto, dijo Skyba. El Times ha identificado a ese hombre como Andriy Matviychuk, de 37 años, otro combatiente que desapareció un día antes. Recibió un disparo en la cabeza, según su certificado de defunción.

Razhik y otros testigos retenidos fuera del edificio de oficinas vieron a los soldados conducir a los cautivos fuera de la vista, dijeron. Entonces sonaron disparos.

Me dispararon y me caí. La bala se me clavó en el costado”, dijo Skyba. Las fotos que compartió de sus heridas muestran un orificio de entrada y salida en el lado izquierdo del abdomen. Un médico de Bucha que le atendió y un informe médico revisado por The Times confirmaron la lesión.

Me caí y me hice el muerto”, dijo. “No me movía y no respiraba. Hacía frío fuera y se podía ver el aliento de la gente”.

Skyba se quedó tumbado mientras los soldados disparaban otra andanada contra los heridos que aún se movían. Esperó unos 15 minutos hasta que ya no pudo oír las voces de los soldados. Entonces echó a correr.

Ivan Skyba, de 43 años, el fusilado que vivió Ivan Skyba, de 43 años, el fusilado que vivió

Tetyana Chmut, cuyo jardín linda con el patio del número 144 de la calle Yablunska, fue una de las residentes retenidas y posteriormente liberadas por los rusos, junto con su familia. Cuando Chmut salió corriendo de su casa para refugiarse en el sótano de un vecino el 4 de marzo, vio los cuerpos tendidos en el patio. Una vecina de Chmut, Marina Chorna, vio los cuerpos dos días más tarde cuando salió de su sótano después de que las tropas rusas que ocupaban su casa se fueran.

Los cuerpos de los hombres asesinados en el aparcamiento y en el interior del edificio fueron llevados al patio y, junto con las otras seis víctimas, permanecerían allí durante casi un mes.

Pruebas de un crimen de guerra

Cuatro semanas más tarde, después de que las fuerzas rusas se retiraran de Bucha, los reporteros del Times visitaron el lugar de las ejecuciones. La pared y los escalones del edificio estaban llenos de agujeros de bala. Al otro lado del patio, esparcidos a pocos metros de donde yacían los cuerpos, había casquillos gastados de 7,62x54R, utilizados en las ametralladoras de diseño soviético de la serie PK y en los rifles de francotirador Dragunov, comúnmente utilizados por las tropas rusas. El Times también encontró un cartucho 7.62x54R sin disparar dentro del edificio.

Otras pruebas dejadas por los rusos apuntan a dos unidades específicas de paracaidistas que podrían haber ocupado el edificio. En las hojas de embalaje de las cajas de armas y munición figuraban las unidades 32515 y 74268, correspondientes respectivamente a los regimientos de asalto aerotransportado 104 y 234. Ambas unidades sufrieron grandes pérdidas durante el primer intento ruso de entrar en Bucha en febrero.

Los investigadores del Servicio de Seguridad de Ucrania, o S.B.U., también proporcionaron a The Times una imagen de un parche recuperado del interior del edificio con el emblema del 104º Regimiento y una lista de soldados rusos recuperados del edificio. Buscando en los sitios web de las redes sociales rusas y en otras bases de datos el nombre de cada soldado, el Times descubrió que al menos cinco de los soldados nombrados tenían aparentes vínculos con el 104º Regimiento. Otros publicaron imágenes de sí mismos sosteniendo banderas de paracaidistas o vistiendo uniformes de paracaidista. Algunos indicaron que su ubicación era Pskov, la ciudad que es la sede de los regimientos 104 y 234.

Vitaliy Karpenko, combatiente ucraniano asesinado en BuchaVitaliy Karpenko, combatiente ucraniano asesinado en Bucha

La ejecución de los combatientes capturados y del propietario de la vivienda en Bucha “es el tipo de incidente que podría convertirse en un caso sólido para el enjuiciamiento de crímenes de guerra”, dijo Stephen Rapp, ex embajador de Estados Unidos para asuntos de crímenes de guerra. Los cautivos, al haber sido desarmados y puestos bajo custodia por los rusos, estaban “fuera de combate”, según las leyes de la guerra, dijo Rapp. Según las Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja, esas leyes significan que los prisioneros deben ser tratados con humanidad y protegidos de los malos tratos en cualquier circunstancia.

Además de los soldados que dispararon a los hombres, sus comandantes podrían ser acusados si conocían los asesinatos y no actuaron para prevenir o castigar la conducta, dijo Rapp.

Una búsqueda desesperada

El 4 de marzo, después de que los hombres dejaran de responder a las llamadas y a los mensajes de texto, sus hermanos, esposas, madres y amigos iniciaron una agónica búsqueda. Las fuerzas rusas patrullaban las calles de Bucha, por lo que los familiares se conectaron a Internet y pidieron información en las redes sociales.

“Mi sobrino Denys (con gorra y gafas) dejó de responder hace tres días”, escribió en Facebook Valentina Butenko, tía de Rudenko. “¿Alguien sabe algo de él?”.

“Ayudad a encontrar a este hombre”, escribió Elena Shyhan con una foto de su marido, Vitaliy. “Su familia está muy preocupada, pero no perdemos la esperanza”.

Mientras tanto, los cuerpos de los hombres permanecían en el patio. Una vez que los rusos huyeron, casi un mes después, la imagen gráfica de la escena captó la atención del mundo, y la de las familias que luchaban por encontrar pistas.

Liudmyla Nakonechnaya, la madre de Dvornikov, vio la foto en Facebook. Su comentario decía: “¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! Mi querido hijo”.

Shyhan también vio la imagen. Ella editó su post de semanas antes con una sola línea: “Dejen de buscar. Lo hemos encontrado”.

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Internacional

El 11 de mayo en Marrakech se reúne la Coalición Global contra Daesh

Al encuentro lo organizan el Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero, Nasser Bourita, y el Secretario de Estado norteamericano, Antonio Blinken con el objetivo de seguir avanzando en la búsqueda del compromiso y la coordinación internacional para la lucha contra Daesh entre los 84 Estados Socios y Organizaciones Internacionales de diferentes regiones del mundo que la componen.

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Esta Coalición fue creada en septiembre de 2014, para luchar contra el grupo terrorista Daesh a través de un enfoque multidisciplinario, inclusivo y holístico para frenar los intentos de avances del grupo terrorista y trabajar para desarmar sus redes.

La tarea a desarrollar tiene una importancia fundamental en el Continente Africano y en Oriente Medio, pero por los intentos expansionistas de Daesh también resulta de interes a Europa y otros países. Algunos atentados de estos extremistas demuestran que no existe región en el mundo que se pueda considerar libre de este peligro.

Como país anfitrión de esta reunión, y como copresidente del «Grupo de enfoque de África» ​​dentro de la Coalición, esta reunión confirma el papel de liderazgo de Marruecos a nivel regional e internacional en la lucha contra el terrorismo y apoya la paz, la seguridad y la estabilidad en África.
También es un fuerte testimonio de la Coalición por Marruecos, como socio creíble y proveedor de paz y seguridad regional, que copresidió en particular el Foro Global para la Lucha contra el Terrorismo durante tres mandatos consecutivos, que alberga la Oficina de las Naciones Unidas para la Lucha contra el Terrorismo.

Ilustra una vez más la confianza y la estima de que goza el enfoque único desarrollado por Marruecos, bajo el liderazgo ilustrado de Su Majestad el Rey Mohammed VI, en la lucha contra el terrorismo, pero también para la defensa de los intereses del continente africano en las plataformas multilaterales, de acuerdo a lo informado por www.diplomatie.ma

Fuente: mapnews.ma – diplomatie.ma – medias24.com

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Internacional

Nueva York arrestó a Frank James, el principal sospechoso por el tiroteo en el metro

El hombre, de 62 años, fue detenido este miércoles en Manhattan y es acusado de terrorismo. El ataque dejó 10 personas heridas

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Nueva York arrestó a Frank James, el principal sospechoso por el tiroteo en el metro

Un hombre que era buscado en relación con el ataque en una estación de metro de Brooklyn que dejó 10 personas heridas fue arrestado el miércoles y acusado de cargos de terrorismo, informaron autoridades.

El fiscal federal para el distrito este de Nueva York, Breon Peace, anunció el cargo contra Frank R. James, de 62 años, en una conferencia de prensa el miércoles por la tarde. James fue detenido en el vecindario East Village de Manhattan poco antes.

James está acusado del ataque del martes en un tren en plena hora pico. Cinco de las personas baleadas se encontraban en estado crítico, pero se espera que sobrevivan. Al menos una docena más fueron atendidas en hospitales por heridas de bala, inhalación de humo y otras afecciones.

Arresto del sospechoso del tiroteo en Nueva York

Los investigadores habían anunciado el martes por la tarde que estaban buscando a James, quien se creía que había alquilado una camioneta posiblemente relacionada con el ataque. El miércoles por la mañana, las autoridades de Nueva York lo señalaron como el principal sospechoso del tiroteo.

Las autoridades habían pedido la cooperación ciudadana, y ofrecieron 50.000 dólares de recompensa por toda información que llevará a su detención.

Su tarjeta de crédito y las llaves de la camioneta que había alquilado fueron encontradas en el lugar del ataque.

Sospechoso del tiroteo en Nueva York

James había publicado varios videos en YouTube en los que aparece dando largas, y a veces agresivas, arengas políticas y críticas al alcalde de Nueva York, Eric Adams. Su página había sido cerrada el miércoles por “violar las directrices” de YouTube.

Adams pidió a los ciudadanos que estén “vigilantes”, pero dijo que no hay pruebas de que el tirador tuviera un cómplice: “Parece que actuó solo”, dijo.

La hermana de James, Catherine James Robinson, dijo al diario The New York Times que estaba “sorprendida” de ver a su hermano considerado como el sospechoso. “Nunca pensé que podría hacer algo así”, reconoció, tras precisar que hace tiempo que no tiene contacto con él.

Imagen de quien se sospecha es Frank James antes de realizar el ataqueImagen de quien se sospecha es Frank James antes de realizar el ataque

El metro presentaba el miércoles un “servicio normal” y “completo en todas las líneas después de que la NYPD (Policía de Nueva York) completó su investigación”, dijo la autoridad de tránsito de la ciudad, de casi nueve millones de habitantes.

Pero en algunos usuarios cundía el miedo.

Estaba reticente y esperé 20 minutos para conseguir un taxi y no llegó ninguno y Uber costaba como 60 dólares, por lo que me dije ‘es ok, me arriesgaré en el metro’”, dijo a la AFP Zeina Awedikian, de 38 años.

Ataque En El Metro Nueva York

“Mucha gente que vive lejos no tiene elección. Depende del metro, no puedes dejar de tomarlo, independientemente de que haya un incidente o no”, dijo por su parte Daniela, de 29 años, originaria de Bosnia, que reconoce que no puede evitar pensar “que un día puede que no vuelva a casa con mis hijos”.

Pero otros se mostraron más desafiantes, como Dennis Sughrue, un neoyorquino de 56 años: “Nadie me va a hacer desistir del metro. El metro está en mi ADN y me siento más comprometido que nunca con Nueva York y con el metro”, dijo a la AFP emergiendo de uno de los nudos neurálgicos del metro neoyorquino en Grand Central Station.

Armado con una pistola, el sospechoso realizó 33 disparos, dijo el jefe de policía de Nueva York, James Essig. La policía encontró una pistola Glock 17 de 9 mm, tres cargadores de municiones adicionales y un hacha.

Imagen que muestra la sangre de un herido en el vagón del metro (@Armen Armenian)Imagen que muestra la sangre de un herido en el vagón del metro (@Armen Armenian)

“Lo que se ve es como una bomba de humo, humo negro que estalla, y luego… la gente (que) se abalanza hacia la parte de atrás”, describió para la CNN una de las víctimas de los disparos, Hourari Benkada, refiriéndose a la estampida de los pasajeros hacia la puerta del final del vagón.

“Fui empujado y ahí fue cuando recibí un balazo en la parte posterior de mi rodilla”, dijo.

Benkada dijo que se subió al primer vagón en la calle 59 y se sentó al lado del sospechoso. Pero al estar usando auriculares no se dio cuenta de nada hasta que el vagón empezó a llenarse de humo.

Varias personas heridas tras un ataque con arma de fuego en la estación de metro de la calle 36 de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 12 de abril de 2022. Armen Armenian/vía REUTERSVarias personas heridas tras un ataque con arma de fuego en la estación de metro de la calle 36 de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 12 de abril de 2022. Armen Armenian/vía REUTERS

Investigadores federales determinaron que la pistola utilizada en el ataque fue adquirida por James en una casa de empeño —con un comerciante de armas con licencia— en la zona metropolitana de Columbus, Ohio, en 2011, informó un policía que no estaba autorizado para comentar sobre a investigación y lo hizo bajo condición de anonimato.

El camión fue hallado, desocupado, cerca de una estación donde los investigadores determinaron que el agresor había ingresado al sistema de metro. No se encontraron explosivos o armas de fuego en el camión, señaló un agente. La policía encontró otros objetos, incluidas almohadas, lo que indica que el hombre podría haber estado durmiendo en el vehículo o planeaba hacerlo, añadió el agente.

Los investigadores creen que James condujo desde Filadelfia el lunes y han revisado los videos de las cámaras de seguridad, y uno de ellos muestra a un hombre que coincide con su descripción física que sale del camión el martes temprano, de acuerdo con el agente. Otro video muestra a James entrando a una estación de metro de Brooklyn con una mochila grande, agregó.

Agentes de policía cerca del lugar donde se produjo un ataque con arma de fuego en una estación de metro de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 12 de abril de 2022. REUTERS/Brendan McDermidAgentes de policía cerca del lugar donde se produjo un ataque con arma de fuego en una estación de metro de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 12 de abril de 2022. REUTERS/Brendan McDermid

Nueva York viene registrando este año un aumento de los tiroteos y el repunte de los delitos violentos. Hasta el 3 de abril, los incidentes con armas se elevaron a 296, contra 260 en el mismo período del año pasado, según las estadísticas de la policía.

Leyes laxas y el derecho constitucional a portar armas han complicado los intentos de poner coto a la proliferación de armas en manos privadas en Estados Unidos, pese a que la mayoría de los estadounidenses son partidarios de un mayor control.

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